"Muchos se preguntan en qué lugar nos encontramos, diles que fue en una noche donde un ángel y el diablo se vieron por primera vez"
¿Qué pasaría si te encontrarás cara a cara con tu destino y tu otra parte? ¿A quién elegirías?.
Hace muchos años...
El pueblo de Moa, había sido siempre un lugar tranquilo y pacífico entre sus habitantes. Apolonio junto con su esposa y su pequeño Arkeus, mantenían en constante armonía el lugar, nunca ocurría nada malo, todos podían andar libres por el bosque y los ríos. Apolonio y Casilda, eran siempre visitados por las personas del pueblo que le otorgaban frutos y semillas para que brotaran en sus tierras.
Casilda, por las tardes se encargaba de mantener el árbol de la vida alegre y reluciente, de el siempre brotaban luces de colores, los cuales eran la fuente de energía del pueblo. Muchos querían robar este árbol para obtener la gloria, es así que una noche unas hechiceras de un pueblo aledaño vinieron a visitar a la pareja que se encontraban cuidando a su primer hijo, Arkeus, el guerrero.
Esa noche las hechiceras con malas intenciones de por medio, les ofreció un intercambio. Esto consistía entregarle la fuente de energía, mientras que ellas le otorgarían una vida dulce y plena al niño de cabellos marrones claros que Casilda llevaba en brazos. Casilda negaba con la cabeza y el corazón de Apolonio decía lo mismo. Sabía que estas hechiceras nunca hacían visitas así, si es que no se tratara de algo tan poderoso. Las hechiceras eran ayudadas por las brujas malignas, y dichas brujas podían ver el futuro.
Apolonio, antes de rechazar la propuesta preguntó las intenciones y luego les diría cuál era su respuesta. Estas no quisieron revelar el secreto que traía consigo el árbol. El árbol de la vida podía hacer cosas maravillosas. Solo que Apolonio y Casilda todavía no sabían la clave, sabían que ese árbol mantenía al pueblo contento, alegre, y lleno de vida. Las hechiceras al ver el rechazo de la pareja clavó la mirada en el niño y dijeron en una sola voz: "Arkeus, será el niño más desdichado de la tierra, ni su valentía, ni el amor podrá salvarlo de la muerte".
Entre un humo invisible desaparecieron en un cerrar de ojo.
Los años pasaron y Arkeus se convirtió en un hombre bello y amable. Solo que estaba enamorado de la bella y esbelta Katherine, ella era hija de Felisa y Leandro, los reyes de la ciudad de Moa.
Habían vuelto después de estar un tiempo alejados de su reinado, y desearon regresar a Moa.. Así que decidieron agradecerles personalmente lo bien que habían hecho al cuidar el pueblo y qué cumplirían con lo que prometieron. Porque tanto Felisa y Leandro, sabía que el pueblo quería mucho al carpintero y a la costurera, por ello por votación escogieron que en todos esos años que se irían ellos quedarían a cargo del pueblo, más no de su reino.
Esa tarde los reyes eran traídos en caballos blancos y con flores que caían en sus cuerpos. Los habitantes aclamaban por ellos como de Dioses se tratasen. Descendieron con sus tacos de cristal y sus zapatos finos, detrás bajo la princesa Katherine, con un vestido que caía hasta el piso, hecho por la madre de Arkeus, tenía un color celeste y un cabello que el sol hacía deslumbrar magníficamente.
La humilde familia les abrió paso a ingresar a su pequeña casa. Casilda con vergüenza de verse en esas fachas se peinó con la mano antes de que alguien la viera, Apolonio se sacudió la suciedad de su vestimenta y Arkeus sentado, viendo entrar a Katherine. Creía soñar, sonrío al saber que sus caminos se habían vuelto a encontrar. Luego que se fue, él se encargó de mandarle cartas tras cartas, ella le respondía, por ello nunca perdieron comunicación. Se amaban en secreto.
Katherine sintió lo mismo, Arkeus el chico de las cartas, tragó saliva y ella emitió una risa.
Los padres hablaban entre ellos, hasta que se oyó a Leandro decir: "Nosotros, los reyes de Moa, estamos agradecidos por lo que ustedes han hecho por nosotros, y sabiendo que hicimos una promesa antes de partir y ver nuestro árbol de la vida intacto, les ofrecemos la mitad de nuestra magia". Los padres de Arkeus no se esperaban aquella acción, no querían aceptar dicho regalo tan grande, todo lo habían hecho con puro amor al pueblo. Pero los reyes, les explicaron que era hora que otros gobernaran y que no por eso dejarían ser reyes, solo ya no serían los reyes de Moa. Qué su hija no aceptó hacerse cargo porque estaba enamorada de Arkeus. Y como se sabe un no brujo con una bruja, no puede darse, a parte de buscar a sus descendientes, deseaban la felicidad de Katherine que había elegido a Arkeus. Katherine lo miró con ojos de amor a Arkeus, y él cogió su mano.
Los padres vieron que su pequeño niño, ya era un hombre y sí su destino era estar con ella, que así sea. El Universo permitió que los destinados sean Arkeus y Katherine. Así como la naturaleza ya tenía a uno de sus elegidas una dulce muchacha del pueblo de Ghen. Los reyes hicieron un círculo agarrados de la mano con la familia de Arkeus y dijeron: "Nosotros, los reyes de Moa, otorgamos nuestro poder a ustedes, Arkeus, Casilda y Apolonio.
El árbol de la vida escribió en un color el nombre de Arkeus.
Meses más tarde los padres de Katherine murieron. Eran indefensos ante las amenazas de almas negras. Los padres de Arkeus quedaron a cargo, lamentaron la muerte de sus amigos. Katherine recibió mucho apoyo de ambos y también decidió continuar con su vida. Ya eran días mejores, la pareja de enamorados se empezaron a amar con locura, planeando en un futuro tener un bebé.
Amelia, la mejor amiga de Katherine, era un muchacha de dieciocho años, no conocía el amor y era descendiente de brujas malas, sin embargo, katherine no hacía discriminación o perjuicio por ellos, sentía que su amiga era la excepción. A veces Amelia, se divertía en ocasiones con ellos, paraban de un lado para otro. Hasta que un día empezó a sentir cosas por el novio de su amiga y el corazón se volvió frío y malévolo. Lo miró con otros ojos un día al verlo salir del río.
Una de las hechiceras pasó cerca al árbol de la vida. Colocó su mano encima y vio el nombre de Arkeus al igual que Katherine, ¿Cómo era posible? ¿Será que Arkeus es ahora un brujo?, pensó. Decidió contar este hecho a sus amigas y a las brujas, no podía creer que el árbol ya tenga dos nombre que tenían la fuente de energía en ellos. Sacaron sus conclusiones y sabían que Arkeus y Katherine, eran hoy por hoy, los brujos más poderosos del pueblo. Tenían que robar la magia de ellos o del árbol, querían más fuerza y no ser desterradas de ningún pueblo o ser señaladas. Querían venganza. Se enteraron que los padres de Arkeus tenían también poderes, debían iniciar por ellos.
Una noche Arkeus se encontraba cazando en el bosque, sentía que alguien lo seguía, como si alguien clavara sus ojos en él, el cazador se sentía ahora la presa. Volvió de prisa al oír gritos provenientes de su noble casa.
Al llegar, el lugar ya no parecía su hogar, sino más bien un crimen espantoso y sangriento. Apolonio, el padre de Arkeus, estaba recostada con un cuchillo atravesado en el estómago. Seguía con vida, aunque la respiración se le entrecortada. La madre de Arkeus ya hacía muerta en el filo de la cama, no entendía que sucedió, quién había hecho esto, eran amados por todos, pero odiados por muchos.
Apolonio le dijo que fueron unas brujas que deseaban el poder del árbol y necesitaban matar las raíces primero antes de las ramas donde brotaban la fuente. Las raíces eran ellos dos, Apolonio y Casilda, así que antes de dar el último suspiro pronunció: "Te regalo mi magia". En ese instante el collar que colgaba en su collar perdió su luz. Arkeus gritó, al momento llegó Katherine aterrorizada por lo que veía, abrazó fuerte a su pareja y lloraron juntos. Arkeus sintió las palabras de su padre en mente: "Termina lo que comenzamos, ustedes son los elegidos, coge el collar y cuidalo como tu vida, confío en ti, mi pequeño guerrero". Hizo lo que escuchó, cogió el collar del sol de los cuellos de sus padres y se los pusieron ellos dos, las dos mitades volvieron a brillar. No obstante, las raíces y las tierras del árbol se secaron.
Katherine y Arkeus se hicieron cargo del pueblo, luego de sepultar a sus padres, decidieron que era hora de casarse.
Amelia recibió la invitación de la boda, no, no, no. Ellos no podían casarse, no después de amar a Arkeus. Su tía le recomendó que aceptara su destino de ser una bruja y le entregó un cuchillo. Ese cuchillo quitaba los poderes después que la persona muriera. La tía de Amelia también lo hacía por conveniencia, quería el poder en sus manos para ellas dominar y hacer lo que querían. Cambiar cosas y tener tres deseos. Amelia afirmó con la cabeza y esa misma noche se encargaría de destruir el mundo mágico de Katherine y Arkeus.
El día que se celebró la boda, llegó Amelia con un cuchillo en la mano junto a sus secuaces que estaban bajo un hechizo para obedecer las órdenes de la bruja Amelia, tenían los ojos desorbitados y en blanco, ellos hacían caso a las obligaciones de Amelia, las personas empezaron a correr y estos acorralaron a los invitados, algunos se escondían detrás de los árboles, pero eran atrapados por ellos. Mientras que Amelia se acercaba a la pareja que le suplicaba que no hiciera esto.
La boda se volvió un caos, el ramo estaba tendido en el piso, las sillas de un lado para otro, la boda había fracaso. La pareja no sabía qué hacer, así que optaron por esconderse en el bosque. Corrieron pasando entre las ramas, se cayeron muchas veces, sin embargo Amelia era ayudada por las brujas malas. Llegaron a un gran árbol, pero todo intento fue en vano, el escondite fue encontrado por la mala mujer, Arkeus sabía que morirían, que había llegado el final de sus días. Así que Arkeus, al verse acorralado junto con su amada, que lo miró como si fuera la última vez que lo vería, provocó un hechizo poderoso utilizó la ayuda del Universo, tocó la mano de Katherine y juró que su amor sería inmortal incluso más allá de la muerte, que sólo un brujo tan poderoso como ellos podría destruir el collar, nadie más y qué renacería su amor en otro tiempo hasta que por fin se termine lo que se comenzó. Los collares volvieron a flotar, ellos pegaron el rostro esperando a que funcione, Amelia se iba acercando a ellos, los collares se unieron y ellos murieron al instante.
Dos cuerpos tendidos en mitad del bosque, los collares desaparecieron y Amelia quedó estúpida. ¿Cómo era posible que Arkeus tuviera magia? ¿Si el cuchillo quitaba el poder? Apolonio sabiamente antes de morir y que el cuchillo fuera absorbiendo su magia, le regaló a su hijo. Porque si el moría con la magia dentro de él, Arkeus y Katherine perderían su magia, es por ello que dedució que las brujas los atacaron por el motivo de que no quede ningún rasgo de magia de destinados en el pueblo. Ese plan solo podía ser ejecutado por las brujas malas, es decir, las brujas de la Naturaleza.
Amelia escuchó las palabras de Arkeus y emitió un grito descontrolado, había realizado un linaje en otro tiempo, tenía que impedirlo de cualquier manera. Es así se que se creó "La Otra Parte", ayudado por el Señor Naturaleza y la Luna. El cielo se volvió tenebroso, y el Sol se acompañó de la Luna que se acercaba lentamente hasta él para formar un eclipse. Antes de que la Luna y el Sol crearan a los opuestos, Amelia dijo: "Tú serás creado para destruir la historia de Katherine y Arkeus. Las personas reconocerán a su alma gemela por el brillo en los ojos, permitiendo ver a través de su mirada su pasado, presente y futuro, solo así se sabrá que es tu otra parte"
Y el árbol tenía a su tercer elegido. Un nuevo nombre había sido escrito.
Una niña oculta escuchó todo lo sucedido y vio la escena aterrada, no podía creer lo que estaba sucediendo.
Y las dos fuerzas poderosas que reinaban en ese pueblo. El señor Universo y la Naturaleza entraron en una batalla de por vida.
No obstante, todo hechizo tenía una cláusula, como ellos sabían, el Universo, estaba a favor del brujo Arkeus, así que concedió el pase de que este amor durara, pero al verse terminado antes de que comenzara, habían jurado que si el collar era destruido por otro brujo tan fuerte como lo fueron ellos, todo volvería a comenzar, pero también propuso que el mundo es redondo y a pesar de todo se verán cara a cara otra vez. Esta pareja, juró que se volverían a ver después de la muerte, aunque si no se cumplía su promesa tendrían que ser separados, esa era la prueba de amor...
(...)
El Sol y la Luna se cruzaron convirtiéndose en una sola esencia, la batalla había iniciado.
Ten cuidado a qué bando elijas pertenecer, no hay segundas oportunidades, tu decisión puede costarte la vida.
(...)
El Sol y la Luna se cruzaron convirtiéndose en una sola esencia, la batalla había iniciado.
Ten cuidado a qué bando elijas pertenecer, no hay segundas oportunidades, tu decisión puede costarte la vida.
Pueden encontrar la historia también aquí: https://www.wattpad.com/62036995-caminos-cruzados-justwriteit-sytycw15-caminos / Pueden descargarlo a tu móvil o a través de google buscarlo como Wattpad y encontrarán, te dice en qué parte de la lectura te has quedado y te avisa de las actualizaciones del libro. Gracias bbesiyos. Se lo agradeceré muchísimo.
CAPÍTULO 1
Aquí estoy volando por los aires, mientras una aventura está por iniciar. Miro las nubes que vuela junto a nosotros y me imagino a mi príncipe azul, como toda chica de diecisiete años alucina tener, con ojos azules y la piel perfecta, suspiro al pensar en que algún día conocería al chico de toda mi vida. Todavía me sentía triste por las prontas "vacaciones" que tendríamos, o es lo que pensé. Mamá y papá, jamás me avisaron de algún viaje de regreso a lo que fue la ciudad que me vio nacer, Moa. Dejé mi pueblo anterior sin más, despidiéndome de mi mejor amiga, Amber, que vendría pronto a visitarme. Y claro que también lo dejé a él. A mi primer amor. Quizás algún día lo vuelva a ver o quizás no. Sin embargo, "algo" me espera aquí, "algo" bueno siempre está por llegar, escribo en mi diario que está en mi regazo.
Flavia no sabía que su vida cambiaría luego de pisar Moa, que muchas personas vestidas de oveja se cruzarían en su vida para joderla y qué dos chicos la encontrarían en el mismo camino y ella los encontraría a ellos. Nunca lo pensó, solo lo estaba soñando. Era momento de vivirlo en carne y hueso.
La batalla está por iniciar.
SÁBADO, 14 de Julio.
Luego de tener tantas cosas en mi cabeza, papá me aviso que ya habíamos aterrizado y era hora de ir a la nueva casa. Papá, es un empresario reconocido por todo el país, no solo en Ghen, mi antigua ciudad, sino aquí en Moa. Mamá es diseñadora y tiene una tienda de ropa que ella confecciona, es excelente tener una madre así ya que puedes echar un vistazo de la nueva temporada de ropa, más si es verano. Y bueno y yo, soy la niña de sus ojos, algo terca, que cuando quiere algo no se cansa hasta conseguirlo, quizás caprichosa en cuestión de moda, luego no. Me da igual si engordo o no, es lo de menos aunque soy delgada así me coma cinco platos, sigo así. Tengo el cabello laceo con ondas en las puntas, color marrón y ojos café, soy de estatura mediana y mis labios son provocadores pues son muy rojos, soy de tez blanca y lo que más me gusta es mi sonrisa, tengo buenos pechos y un trasero moderado, pero en la repartición de piernas llegué tarde. No es que sea un palo, sino que observo que otras niñas las tienen mejor cuidadas y más gruesas, se ve muy bonito tenerlas así, quizás algún día haga algún deporte.
Ya habíamos llegado a la nueva casa, el lugar era muy tranquilo, se veía niños manejar bicicleta o montar skate, no recordaba que la ciudad fuera tan bonita. No me parecía feo el sitio ni nada, era cuestión de acostumbrarme, la gente era muy amable te daba la bienvenida y con una gran sonrisa nosotros les respondíamos.
LA CASA NUEVA
Siempre me destacaba por ser amable con todos, esa casa me atraía mucho, era blanca y eso significaba paz, tenían unas ventanas transparentes y un gran jardín con piscina incluida. Papá me ordenó que subiera y empezara a ordenar mis cosas, ropa, accesorios, etc. Llegué y mi cuarto era rosa y tenía una que otra flor esparcida en las paredes, era realmente lindo, me acomodé e hice caso a lo que papá me había dicho. Me demoré un poco más de dos horas en tener listo mi habitación, papá y mamá se demoraron más en dejar casi todo ordenado la mayor parte ya habían hecho, limpiar, ordenar, acomodar, trapear, acomodarse en su habitación y al final se empezaron a reír, no entendí de qué, ellos sabrán.
Era muy grande e incluso teníamos piscina, dos patios, muchas habitaciones, una cocina inmensa, la sala muy cómoda y escaleras para dirigirnos a las habitaciones.
- Las casas de allá son mejores que las de acá- lo dije en voz alta.
- ¿De qué te quejas Flavia?- me dijo papá un poco serio.
- ¿Yo? De nada, solo digo- le dije mientras me conducía a mi habitación.
Papá y mamá habían tenido una gran idea esa noche iríamos a un centro comercial, quizás el más grande que tiene la ciudad y está cerca al mar.
Subimos a un taxi, estaba acostumbrada en ir en el carro de papá, pero él lo había dejado para comprarse otro acá. Cuando bajamos del taxi habían muchos chicos mirando, quizás era por la ropa que llevaba puesta, estaba vestida muy bien, las personas de aquí, era más humildes y eso no entendía.
Bueno a mí me gusta vestirme de esa forma, combinar los colores y más si es invierno como ahora. Yo pensé que me veía bien, pero me miraban como a una extraña y eso me pareció raro, le susurré a mi papá lo que había pensado y me contestó.
- No mi niña, te miran así porque eres hermosa y estas muy bonita.
Papá siempre era pacifico conmigo, era un gran padre desde niña me llevaba cargada porque no quería ir a estudiar, jamás me pego. Mamá, solo me gritaba en ocasiones o me aconsejaba, realmente tenía excelentes padres.
SEBASTIÁN
Y no me voy a levantar así venga una grúa. No tengo ganas de salir, tengo el corazón hecho mierda. Sí mierda. No diré más de esta porquería de vida que tengo. Tomo alcohol, soy desobediente y me gusta estar tirado en mi cama sin hacer nada, solo ver más basura en televisión.
Sin embargo, hoy como todos los días, mi padre vuelve a joderme la vida insistiendo a que vaya con ellos a cenar. Si no fuera por mi madrastra, lo hubiera mandado...
- Entonces... ¿si vas?- me dice mi madrastra viendo todo mi cuarto hecho un caos.
- ¿Tengo más opciones? Creo que no- formo una sonrisa maliciosa combinado con un gran disgusto de cambiarme e ir y vuelvo a levantarme de esa cama que se volvió como mi tumba. Muerto y sin vida. En modo zombie como me gusta decirlo.
- Hijito, ella quizás no era tu alma gemela. Solo una chica común, ya encontrarás a alguien fantástica y realmente te volverás loco.
- Por ahora no quiero mujeres en mi vida. Me conformo con mi comida chatarra en mi cuarto y mis amigos. Las mujeres son malas, cuando ya te han utilizado te botan. ¡Como si uno no tuviera sentimientos!
- Cuando menos te lo esperes, sucederá- me guiñe y cierra la puerta lentamente.
- Nunca espero nada, ya no- Su madrastra piensa que a Sebastián en algún momento alguien lo querrá por todo. Valía mucho, a pesar de su fuerte carácter y su personalidad rebelde, siempre fue un chico dulce, solo que no le tocaba la chica indicada. El amor iba a pasos lentos por él.
(...)
Horas después...
Con mis papás nos fuimos a comer a KFC, vendían comida rápida y me gustó comer ahí.
Una niña de trece años se me acercó y me dijo de la nada: "Eres muy linda, me gusta tu ropa". Al terminar aquella oración le sonreí y dije.
- Gracias, tú también eres hermosa tal como eres.
Desde el fondo se podía ver una silueta que la llamaba con la mano, le avise que alguien la llamaba, sin saber que ese era el niño que me volvería realmente loca.
- Sí lo sé, es mi hermano.- respondió la dulce niña y dejo su trenza caer a sus espaldas.
- Anda, se va a preocupar.- le di una amigable sonrisa y mis padres también la veían con ternura.
- Está bien, espero vernos pronto por aquí.- se despidió aquella niña con un cálido beso.
- Lo prometo.- chocamos las manos y vi cómo iba al encuentro con esa sombra negra que la abrazó al verla.
Papá se sentía orgulloso de mí por cómo era con todos y bueno así siempre ha sido mi personalidad, excepto que me hagan algo clavan su propia cruz.
Fue una gran noche, hablamos de muchas cosas sobre la institución donde entraría se llamaba Santo Thomas, de santo no tenía nada porque no nos obligaban a llevar cursos religiosos, pero sí, de arte, música, teatro y cursos cotidianos que llevas en cualquier lugar, y por lo que oíamos era uno de los mejores de esta ciudad y las clases empezarían en una semana.
- ¡Qué nervios!- pensé.
En esos días había ido a visitar el instituto, daban tours por el lugar y era inmensa, sus paredes pintadas de un azul que daba la sensación de estar en el mar y un gran campo para tomar la siesta. A parte, incluía deportes como natación, basquet y voley. Y qué decir de sus aulas, con grandes espacios y cámaras de vigilancia dentro y fuera de la institución para prevenir robos.
Luego de visitar mi nueva institución, fuimos a comprar mi cuaderno, lapiceros, etc. También me compré ropa en tiendas muy lindas, estaba saltando en un pie.
LUNES
A unas cuadras del instituto se encontraba Amil Picasso, una chica muy humilde en personalidad. Tenía el dejo Español que a veces usaba para cautivar a los hombres.
- ¡Déjame en paz, Benjamín!- gritaba ella mientras alguien venía detrás a suplicarle que volvieran- No, yo ya hice mi vida con Francisco. Tú deberías hacer lo mismo.
- No es posible que prefieras a ese hijo de mami. Hemos estado saliendo por varios meses y ahora me vienes con todo este show, ¡No juegues así!- exclama formando un escándalo en la calle. Los transeúntes los quedan mirando.
- Esas salidas fueron para conocernos y no me gustó como eres de verdad. Menos es mi intención causarte un daño, te he querido como amigo y no te veo como más. Sí, hemos tenido lindos días, pero ya pasó. Me das miedo- pone cara de verdad tenerle miedo y Benjamín explota.
- No me dejes, porque juro que lo mato. ¿Entiendes?- la agarra de los brazos haciendo una opresión en ellas y automáticamente le causa moretones.
- ¡Suéltame! ¡Me duele, Benjamín!- ella exclama ayuda, mientras que este chico sigue en lo mismo.
-No, hasta que me digas que vas a estar conmigo-forcejean y nadie interviene, todos pasan como si fuera normal maltratar a una mujer.
Pero siempre está él en el momento indicado.
- ¡Te ha dicho que la sueltes, imbécil!- viene corriendo Sebastián, dándole un puñete de frente en la nariz y el otro joven cae al pavimento.
- ¡Ya vino el héroe Mendoza!- hace unos aplausos sarcásticamente- Los dos y todos los que sean de su círculo, me le pagaran. Lo juro, algún día seré poderoso- se ve la mano con sangre y se va haciendo alaridos mientras graba el rostro de Sebastián.
- Jajaja, yaya, cuando seas presidente. Por ahora seguirás siendo un simple idiota- Amil se ríe y agradece por tenerlo como mejor amigo. Benjamín se va limpiándose la nariz llena de sangre.
- ¡Qué haría sin ti!- lo abraza a su mejor amigo de toda la vida.
- Sin mí estarías perdida, lindura. Es imposible que una mujer no me necesite- su voz suena pícara.
- Hay que modesto. Igual te quiero ojitos lindos- se abrazan nuevamente y se van en dirección a sus casas.
Miércoles, 18 de Julio.
Sentados frente al televisor están Sebastián y Amil, aburridos de no tener nada cuando sus vacaciones estaban por terminar.
- ¿Cómo vas con Francisco?- pregunta el mejor amigo y ve un mensaje de Camil, su ex novia, diciendo que no la vuelva a llamar.
- Bien, supongo, estamos dejando las cosas fluir. Y Benjamín ya no ha vuelto a molestarme. Y tú...¿Ya la superaste?- dice insinuando por el mensaje.
-¿Tú qué crees?- responde él sin dejar de sonreír. No tenía por qué, sus ojos verdes eran muy bellos en la noche.
- ¿Sinceramente? ¡Qué no!- encoge los hombros y da un suspiro- Vales más que ella, deja de hacer esas cosas que Camil no se merece.
- No la entiendo, nunca entenderé a las mujeres. Un día me dice que me quiere y al otro no existo, es demasiado estresante. La pasamos bien...¡En su cama!- se ríe mutuamente.
-¡Ay, Sebastián! El amor llega solo, se pone en tu camino o te lleva hasta él, como un imán.
- Cuando me suceda creeré en en eso. En el destino o en las casualidades, por ahora veré cómo conquistar otra vez a Camil- estira sus piernas y las pone encima de la mesa de la sala y apoya su cabeza en sus brazos.
EL HORARIO
Viernes, 20 de Julio.
Sonó la alarma. Un día caluroso con viento, el clima más raro. Abrí mis cortinas y estaba dispuesta a buscar aventura y "algo" místico. El día que fui al tour del instituto nadie me llamó la atención. Quería ver a alguien que al solo verlo supiera que llevaba una vida interesante y misteriosa. Lo contrario a mí.
Fui con mamá a recoger el horario que me habían asignado y los cursos que llevaría. Así que cuando llegamos había una cola inmensa, veía el celular porque Austin estaba hablándome del futuro que quería tener, lo tenía todo organizado y eso supongo que es bueno, yo quería una vida más suelta, sin reglas.
Mantuve por largo rato la conversación con Austin, respondiendo con una mano y la otra mi vaso de café, me fijé en la hora para saber cuándo me entregarían los horarios, pero esta tortura no acababa.
Me alejé de mamá para seguir contemplando lo grande que era el lugar. De tanto estar fija mi mirada en el aparato, choqué cuerpo a cuerpo con un joven y derramé café encima de él.
- Lo siento tanto- dije sintiéndome tan torpe al ver su chaqueta de cuero chorreada de café y saqué un papel de mi bolsillo intentando solucionar lo que provoqué y hasta ese momento él no emitía nada. Lo místico estaba en frente de mí.
- ¿Crees que con papel higiénico va a secar? - preguntó sonriente y sin importar lo que había provocado por estar pendiente del celular.
"El amor te lleva a él como un imán"
- No... pero al menos, ¡Ay, a veces soy tan torpe! Discúlpame- volví a decir, las pocas personas que se encontraban ahí solo atinaban a reírse. Vi que el café se pegó a su cuerpo y dejaba ver su tonificado cuerpo.
- Jaja, descuida, deberías mirar siempre hacia adelante- dijo en un tono simpático y amable, sacándose la casaca de cuero del cuerpo. Y me puse tensa al hablar con un tipo desconocido. Me atraía sus ojos.
- Pues, sí- le respondí fijándome en sus ojos. Era un color particular, ojos pardos dije al verlo, un rostro tan delicado y un cabello muy bien cuidado, como esos tipos sacados de revista.
- Porque un día de estos quizás estés tan concentrada viendo tu celular y boom pasa el amor de tu vida a tu lado y tú ni cuenta por estar chateando con el que te ignora- rió, obvio que lo decía por él, fue una actitud coqueta, pero para nada irrespetuosa.
- ¿Lo dices por ti?- me reí curiosamente sobre a lo que llegamos.
- He dicho que pasa el amor de tu vida, no que chocas con él, aunque si lo ves de esa manera, ¡Genial! - me corrigió modestamente y luego como que entendí a qué iba.
El encuentro con este chico fue como una ola que revienta en la orilla sin darte cuenta, ¡sorprendente!
- Hijita- gritó mamá desde al fondo, ya me tocaba ser atendida y tenía que despedirme de este curioso chico.
- ¡Te llaman!- quiso decir mi nombre, pues noté las palabras en sus labios como si ya lo supiera- ¿Cómo me dijiste que te llamabas?
- Nunca te lo he dicho- le respondí- Mi nombre es Flavia- dije volteando el rostro hacia mamá para decirle a través de gestos que se esperara- ¿Y el tuyo?
Cuando pregunté lo último y giré para seguir conversando, él ya no estaba. Voltee alrededor mío y por todas partes, no, no estaba.
DIARIO, 20 DE JULIO.
Diario, hoy vi a un chico muy atractivo y por decir atractivo es porque lo es en todo los sentidos. Lo vi sin querer, fue como alguien que conoces en tan solo un momento y te atrapa, su mirada te hipnotiza. A pesar, que le manché de café en toda su casaca y me pareció un chico malo porque era alto, cabello negro, ojos pardos y un piel de bebé, ¡De bebé! Y tenía esas casacas de cuero que llevan los motociclistas y su forma de ser, me agradaron. Tiene un gesto con los ojos y los labios que me quedaba perpleja y quién no se quedaría así con un chico de tal forma.
Me llenaba una sensación de intriga, curiosidad y miedo a la vez. Es sentimientos tan distintos a lo que he visto en los demás chicos, pues siempre los calificaba de lindos, tiernos y este ¡No! Es fantástico.
Quise seguir conversado con él y desapareció, ¿no te digo? Te deja con el sabor en los labios, con la intriga y me gustan las cosas que pasan así de la nada, las que llegan de repente sin avisar. ¡Qué chico!
Es mi chico malo.
LAS CREACIONES DEL ÁRBOL
Existen cuatro árboles del saber. El amor puro (rojo), la valentía (amarillo), la lucha (verde) y la esperanza (celeste). Cada árbol tiene un dueño y una fuente de energía que hace a las creaciones más fuertes que cualquier mago o hechicero poderoso. Su energía significaba poder. Muchos magos negros y hechiceros e incluso brujos deseaban robar sus fuentes de energía porque era con lo que el mundo encontraba el camino. Querían que el Universo donde vivimos se perdiera para siempre, que esos árboles se apagaran y no brotaran más sus luces coloridas. Sabían que al hacerlo las cuatro creaciones serían débiles e indefensas y podrían lograr la gloria. Sin embargo, para todo hay una regla o ley escondida. Si estas energías se unían podrían destruir cualquier cosa, persona, tiempo. Solo debían encontrarse a ellos mismos.
Lunes, 23 de Julio.
2014
Un camino lleno de aventuras
Me desperté con muchas ganas de ir a estudiar, como nunca. Saludé a mamá y papá, nos sentamos a desayunar y conversamos lo más rápido posible, le conté de que estaba ansiosa y muy nerviosa por ser el primer día, ellos me aconsejaron de que este normal y me vaya a cambiar, así lo hice me puse algo muy bonito .
Algo simple, pero me sentía cómoda. Papá, se ofreció en acompañarme en el taxi, pero no quise ya que dirían que soy una niña de papá, así que tomé mis cosas y me fui directo al instituto, el señor del taxi me hablaba sobre su vida y yo sonreía para que no me violara.
Al bajar, vi muchos chicos y chicas ingresar sonrientes, me fijaba en todos y se veían algo creídos, otros estaban normales y un grupo de niñas me miró la ropa, ya estaba acostumbrada. Caminé muy lento, aún era temprano para ingresar y no me quería perder ningún detalle de mi nueva institución hasta que vi a un guapo muchacho, no era el muchacho con el que derramé café en su ropa, sino otro, estaba de espaldas, con cabello marrón oscuro, alto y llevaba una casaca marrón, su nariz es respingada y pues me pareció atractivo.
Por un solo momento, pensé que era el niño de hace unos días, el que me dejo con la sensación y curiosidad de saber su nombre, pero él no era, sino otro chico. Me había olvidado comprar un caramelo así que le avise al vigilante y felizmente me concedió la salida, fui corriendo hacia el otro lado de la vereda y regresé con paso ligero, él seguía allí hasta que de pronto me miró, alzó su mirada y me observó detalladamente, yo me fijé en otro lado, pero sentía que aún lo seguía haciendo.
Fue ahí que la vi a una chica entrar estaba muy tímida y sonrojada, supongo porque la miraba y quizás había sentido una intimidación, no lo quise provocar, pero no podía apartar mi mirada de ella, era realmente linda y hasta cuando se sonrojo se veía dulce, la miré y vi que era de mi tipo de esas niñas que se preocupan por la ropa, algo superficial. Aquella chica se había ganado mi atención y de muchos amigos míos, me miraron como diciéndome ¿Quién es la chica nueva?, pero hacia caso omiso mis ojos se habían clavado y de una u otra manera tenía que saber de ella.
Sentía mis mejillas muy calientes, aquel niño había provocado eso y lo peor mis manos empezaban a sudar, me había olvidado en preguntar dónde quedaba el aula 203, así que empecé a buscar mi aula, me sentía perdida. No sabía que una avalancha de alumnos venían detrás de mí, corriendo por las clases.
Sonó el primer timbre de aviso.
Yo la seguí quería saber de ella, verla de cerca me había atraído mucho y quise saber si así de linda es por fuera como podría ser pon dentro, un ángel. Ella no se daba cuenta parecía que buscaba su aula y quise acercarme estaba al frente de donde se encontraba y vi que todos corrían a su dirección, iban a empujarla bruscamente o bueno la iban a lastimar, así que grité: ¡cuidado! Y corrí hacia a ella, la jalé a un lado sosteniendo de su brazo, ella me miró muy asustada.
Ahí estaba él sosteniendo aun mi brazo y mirándome sonriente, no sabía qué hacer y menos que decir. Ese niño, me ponía tarada y seguíamos mudos, comiéndonos con la mirada.
- Hola.-dijo rompiendo el hielo y formó una sonrisa amigable.
- Hola.- le sonreí tímidamente y me coloqué el cabello detrás de las orejas.
- Discúlpame, si te cogí el brazo así te iban a lastimar.- me explicó aquel niño bonito.
- Gracias por intervenir, no sé qué hubiera pasado.- dije con muchos nervios.
- Pues, de hoy en adelante soy tu ángel.- bromeo este chico.
- Descuida igualmente gracias, ahora tengo que irme a clases sino estaré perdida- Por cierto, ¿sabes dónde queda el aula 203?- le pregunté con nerviosismo
- En el segundo piso, ¿te acompaño?- me preguntó y se sacó el mechón de la frente.
- No, yo puedo ir sola. A la próxima quizás.- le sonreí con timidez y muchos sentimientos encontrados. Era mi primer día y justo tenía que pasarme esto.
- Bueno, mi nombre es Benjamín y el tuyo- preguntó el futuro asesino.
- Flavia.- respondí apresurada.
Sonó el segundo timbre de inicio de clases. El instituto te avisaba dos veces, las personas continuaban corriendo. Yo debía hacer eso.
- ¡Qué bonito nombre! Como tú.- coqueteó Benjamín, la verdad se le notaba un chico súper tranquilo y buena onda, aunque jamás conoces a alguien totalmente.
- Am, debo irme.- dije dándole un beso en la mejilla y corriendo al segundo piso, si me fui así es porque estaba muy nerviosa, solo existió un niño que me pusiera tan nerviosa su nombre es Austin, y él sí que provocaba que mis manos sudaran y muchos nervios en todo mi cuerpo, sin saber que decir o hablar, Austin tenía algo especial que ocasionaba todas esas sensaciones en mí. Pero, Benjamín era muy apuesto y no por eso no me sentí un poco nerviosa.
Flavia, me quedó grabado en mí ser y como quería seguir viéndola iba a esperarla a la salida para acompañarla a su casa.
- ¿Con nueva víctima?-preguntó un amigo acercándose hacia él.
- Será mía, ¿Cuándo no ha sido así?- río y el chico de cabellos claros sabía que Benjamín siempre tuvo un problema de obsesionarse con las chicas.
- Te ayudaré en todo lo que pueda. ¿203, no? Iré corriendo para hablarle.
- Ya sabes solo cosas buenas, Walls. No me gusta los traicioneros.
- Sé cómo nos movemos, no te preocupes- corre para llegar a tiempo.
AULA 203
Ingresé y era la última en llegar, me demoré yendo a los servicios y no sabía utilizar los caños, tuve que pedir ayuda porque cuando apretaba no daba, era muy diferente o no estaba actualizada. Cuando llegué tarde, todos se quedaron mirándome, gracias a Dios no me había colocado nada escotado sino estos niñitos se fijarían en otra cosa en vez de mi personalidad.
Me senté en el centro a mi lado había un niño simpático por cierto, me miró y me dio un sonrisa e hice lo mismo. Luego atrás estaba un grupo de niñas, riéndose y por lo que oí escuchar es que iban a ir a la fiesta de Pablo, el chico más popular como Benjamín, aunque yo no supiera nada sobre su "popularidad", se veían entusiasmadas e incluso hablaban de que se podrían, escotes, falda, pantalón, blusas, etc.
Llegó el profesor de Lengua e hizo su presentación, luego nos hizo una introducción sobre el curso y allí terminó la primera hora. Empecé a jugar con el lápiz, rayando mi cuaderno.
Quería mi vida de vuelta, quería mi vida en Ghen, no aquí. Este no era mi verdadero hogar, todos ya se conocían y yo iniciaba en este mundo extraño que sería.
El siguiente profesor se demoraba y eso me aburría, hasta que alguien me tocó el hombro, voltee a ver quién era y era aquel niño amigable que me sonrió al entrar al salón.
- Hola, mi nombre es Peter.- se presentó el niño de cabellos claros.
- Hola, yo soy Flavia De la Torre.- sonreí con gran timidez.
- Qué bonito, ¿De dónde eres?- me preguntó de repente.
- Pues de Ghen.-respondí con ironía.
- No pareces, particularmente las chicas de allá son bronceadas y tú eres blanca.- me quedó mirando.
- Nací aquí en Moa, pero viví muchos años en Ghen y sí, soy blanca.- reproché por el término que había utilizado hacia mi persona.
- Eres muy fina por eso lo decía-dijo- Ahora tú le ganas a todas, ¿vez a esa niña gringa de atrás? Su nombre es Ximena, es popular, la más bonita del lugar aunque ya llegaste tú, todo cambia. Tiene su enamorado popular, pero él está en el 402, quizás no lo conoces su nombre es Benjamín Blue.- me contó Peter de la mejor manera, intentaba acercarse a mí, supuse yo, en forma de amistad.
Aunque las intenciones de Walls no eran exactamente lo que Flavia estaba esperando. Jugaba cosas a su favor y en contra. Tenía que tener cuidado a la hora de mover sus fichas a Benjamín no le gustaba los errores.
- ¿Benjamín Blue?- recordé al niño que hace unos instantes habíamos cruzado palabras.
- Sí, aunque él siempre quiere con todas las niñas. Si ingresa una chica nueva, le coquetea, la enamorada y cuando ya se han besado comienza a especularlo por toda la institución, es un patán.- siguió contando con un gesto de asco en su rostro, pero ni el mismo sabía porque hacia todo esto. Al fin y al cabo, era amigo de él, claro yo no lo supe en ese momento.
- Ah...- me quedé atónita, aquel niño que me había agradado, no era lo que pensaba, tenía enamorada y quería con todas, peor que ahora sé que cualquier niña bonita que ingresa, el intenta enamorarla, ¿Quién era él para jugar así con todas? Un simple estúpido.
- Bueno, ya vino el profesor. Luego hablamos.- dijo fijándose en el pizarrón.
Luego de la segunda clase, Peter me presento a sus amigos y amigas, la que me había caído mejor fue Melany, era muy amable y cuando me vio no se me quedó mirando como cosa rara.
A ella, le confesé que me había atraído el niño Benjamín, pero ya me habían dicho de como él era realmente y me había decepcionado, mientras hablábamos ella me pasó la voz diciéndome que Benjamín estaba subiendo al aula, me escondí y pude escuchar que preguntó por mí, ella me negó y se fue.
No quería pensar que era otra de sus víctimas, una más de su lista yo no lo iba a permitir y si él quería conocerme y jugar conmigo, jugaríamos pero a mi manera.
A la hora de salida, salí con Melany le di mi dirección y mi teléfono, a Peter lo mismo, eran buenos chicos. Cuando salíamos alguien me cogió del brazo, ni más ni menos era Benjamín.
- ¿Qué quieres?- pregunté de mala manera.
- ¿Puedo acompañarte a tu casa?- me dijo muy entusiasmado el malo.
- ¿Crees que voy a dejar que un niño como tú me acompañe?- lo miré con sarcasmo y burla.
- ¿Quizás?- respondió aún con una sonrisa en el rostro.
- Pues te equivocas, anda acompaña a tu enamorada y déjame en paz a mí.- le di la espalda.
- ¿Tú estas celosa? Y bueno yo ya no tengo enamorada- me volteó acercándome a él.
- No, ya quisieras que lo esté.- le sonreí malvadamente y me fui hacia mi casa, sentí que alguien me seguía y era él, así que me tomé un taxi lo más rápido posible y llegué a mi dulce hogar.
FLAVIA
La había seguido y ella se había corrido como una niña en peligro, me causó risa. Siempre tuve la manía de conseguir todo y ella no sería la excepción, muchos de mis amigos me decían que me enamoraba opresivamente y por eso las niñas me dejaban, y eso es lo que pasó con Amil, pero yo jamás quise aceptarlo y no lo haré nunca, ella será mía.
Cuando estuve en casa, papá había llegado muy temprano me preguntó cómo me había ido en el primer día, le conté sobre lo de Peter y Melany, también me hice amiga de un tal Matías a la hora de salida porque no había llegado a la primera hora y estaba nervioso por lo que habíamos hecho, lo que sí no mencioné fue a Benjamín.
Empezamos a almorzar, esperando a que mamá llegara y como se demoró empezamos sin ella, él me contaba cómo le había ido y yo realmente estaba en otro mundo, pensaba en ese niño Benjamín, en cómo me había seguido y esperado para poder conversar conmigo. ¿Y si realmente le causé algo y no es cómo parece?
EL AEROPUERTO.
Jalo mis maletas con desesperación, piso tierras Moaenesías buscando a una persona, solo a una. Mi entusiasmo y ganas de verlas son impresionantes.
Cuando Pablo me llamó a invitarme a su fiesta, diciéndome que era hora de por fin vernos, una oportunidad se me brindó y era solo verla. Sin la necesidad de pensarlo, porque cuando quieres a alguien no se piensa, solo es <<Sí>> y lo hice. Dejé a mi familia con pena y me marché a lo que pensé que sería una vida con ella.
CAPÍTULO 2
Ha pasado una semana desde que he llegado aquí. Otro mes empieza y por ahora todo va bien, he hablado con Austin dice que tiene una sorpresa para mí y sospecho que me mandará una cosa.
Llegó a los pocos día el detalle desde Ghen. Era una cajita pequeña con un Sol partido por la mitad, me dijo que le gustó mucho al verlo, una señora insistió a que lo se lleve. Así que aceptó. Él tiene la otra mitad del sol es idéntica a la mía, así qué siento que no lo han engañado y encajará.
- ¿Qué tal está?- dice desde el otro lado del teléfono.
- Muy bonito, brilla mucho.
- Es el sol, brilla en todo su resplandor. La señora me dijo que más lo hará cuando se unan ambas partes. Es un collar de los destinados.
- ¿Destinados?
- No me digas que no crees en eso.
- Sí, creo que sí, no sabía que tiene historia. Te agradezco por eso, lo llevaré siempre.
- Haber si así no te olvidas de mí- sonríe al escuchar que se lo pondrá.
- ¿Del Navarro más apuesto de Ghen?- digo entre risas. Me calmaba mucho escuchar su voz.
- Jajaja, claro, yo te recuerdo todos los días. Te extraño muchísimo.
- Ya regresaré al menos para visitarlos. Sabes que también lo hago.
- Nunca te olvides que te quiero, Flavia De la Torre- me dice con una voz que me acelera el pulso y el corazón grita por él. Mi primer amor, siempre será él.
- Nunca lo olvidaré- dije y después de seguir nuestra pequeña y larga conversación, me fui a dormir con una sonrisa en mí.
Desearía que estés aquí. Conmigo.
Agosto y lo veo de nuevo
Amber, mi mejor amiga, me llamó el primer día de clases. Tan solo había pasado una semana desde que había llegado y extrañaba mi vida anterior.
- No me vayas a cambiar- le dije con nostalgia desde el teléfono.
- Flavia, siempre será mi confidente, ni lo pienses, ¡Tarada!- exclamó ella desde el otro lado.
- Siempre tan linda- reí, encendiendo el televisor y viendo más casos de muertes.
- Ahora sí, colgaré Fla, mañana tengo clases y creo que tú también. ¡Buenas noches y pronto estaremos viéndonos!- me despedí al igual que ella y colgó.
Me senté a seguir escuchando un caso donde una familia completa había sido asesinada en la tarde de ayer. Se decía que era por cuestiones de dinero y la policía estaba en pasos de las personas involucradas.
- Los miembros de la familia Torres, han sido encontrados esta mañana y uno de ellos ha...- no terminé de oír porque mamá había entrado y apagó el televisor.
- ¡Es hora de dormir mi niña!- dijo al frente de la pantalla oscura y me veía desde ese reflejo. No hice ningún reproche y le di las gracias a mamá por ser tan buena conmigo. Luego, buscando el sueño quedé profundamente dormida sin antes no haber escrito en mi diario.
DIARIO
Tengo miedo.
No sé por qué escribí lo anterior. Voy una semana o un poco más en este maravilloso país que nací, pero no logro complementarme bien. Al principio, estuve decidida en perder todo esos temores y ahora estoy rara.
He conocido gente estupenda hasta ahora, son amables conmigo y nos reímos mucho, siento que si Amber estaría aquí, me sentiría más en casa, más en mi en mi verdadero lugar. Más en Ghen.
Extraño a Austin.
¿QUIERES IR CONMIGO?
Uno de Agosto
Con una semana aquí estaba más tranquila, aunque sea ya conocía a ciertas personas, me saludaron Matías, Melany y Peter. Los tres nos fuimos directo a aula a conversar y me informaron de que si Benjamín me había invitado a ir a la fiesta del niño Pablo, les dije que no y si lo hiciera no iría. Ellos querían convencerme de que fuera para que así viera como es realmente, entonces acepté.
Iba por los pasillos y siento unas manos que me cubren los ojos.
- ¿Quién soy?-Me susurró en el oído muy cerca de mi cuerpo, tenía cierta voz peculiar que por muchas noches había llegado a perder la razón.
- No lo sé.- respondí sintiendo mariposas en mi estómago pensando que era Benjamín, pero por qué él.
- ¡Soy Austin!.- respondió, al oír aquel nombre sentí una inmensa alegría, él estaba acá conmigo.
- No lo puedo creer, ¡Estás aquí!- respondí feliz y lo abracé muy fuerte.
- Sí y contigo.- me susurro delicadamente.
- Y cómo, no puede ser, ¿dejaste todo allá?- lo quedé mirando aún impactada por su presencia.
Austin estaba irresistible. Esos cabellos marrones a un lado lo hacían más guapo que nunca.
- Relativamente, sí. Pero quería darte esta sorpresa y venir aquí contigo, no te despediste de mí y bueno yo quería seguir viéndote...- dijo Austin y se sonrojo.
Austin era sumamente bello por donde lo vieras. Esos ojos verdes que te dejaban helada.
- ¿Es la única razón?- sonreí viendo sus ojos verdes y ya me estaba comportando como una niña.
- Bueno, también porque tengo la fiesta de un amigo Pablo, ¿lo conoces?- me preguntó mientras él saludaba a varios niños y niñas.
- No, pero si he escuchado de él.- le respondí aún con esa alegría de verlo.
- Bueno yo iré y como en la invitación dice ir con una princesa. Y la única princesa del lugar eres tú, me pregunto si tú ¿Quieres ir conmigo?- me preguntó y agachó la mirada, enserio era tan tierno.
- Con gusto, dulce príncipe. ¿Qué día es?- bromee fijándome en la invitación.
- El viernes, te iré a buscar a las 9:00 pm ¿te parece?- me miró y lo notaba feliz, tan feliz como el día en que nos conocimos.
- Está bien, ¿bueno en que salón estas?- cambié de conversación.
- En el 402, pero me cambiaré mañana a tu salón, aunque si puedes luego vas para presentarte a varios de mis amigos.- me contestó un poco apresurado.
- Genial, yo iré. Me voy a clases y lo que has hecho hoy por mí, ¡Me encantó!.- me puse muy roja y él lo notó por lo que sólo sonrió.
Entré a mis siguientes clases, con una sonrisa en el rostro, pero cuando automáticamente pensaba en Benjamín, la sonrisa se me iba. Les conté a mis amigos sobre Austin, casi todo el día se me había dado la manía de hablarle de él, porque es un amor de persona, ellos me molestaban con él y aunque se enojaron por ir a la fiesta con él y no con Benjamín igual me daría cuenta de su verdadero YO.
Peter, en todo el día me molestaba, me despeinaba y me apretaba mis mejillas e incluso en mi cuaderno escribía el nombre de Austin, ¡Qué pesado!
- Peter, ¡Ya!- dije sacando su manos de mi cuaderno estaba a punto de escribir otra cosa más.
- ¡Qué gruñona!- decía él y alejó sus manos.
En la hora del receso, Austin fue en busca de mí.
- ¡Flavia!- me saludó acercándose a mi grupito de cuatro- ¡Hola!- saludó también a los demás y ellos respondieron el saludo. Hasta educado era Austin.
- Él es Austin- lo presenté y lo jalé hacia a mi lado.
Él sonrío por mi acción.
- Flavia, habla todo el día de ti, hasta en la sopa te veo- intervino Matías, me llevaba mucho mejor con él y también con Peter, aunque a veces era muy... nada.
- Mati- dije mirándolo con los ojos saliendo de mi cuerpo y Austin le quedó reírse y debajo de la carpeta posó su mano encima de la mía, sus dedos fríos pasando por mi piel y sentí una tensión tan gratificante y hermosa.
Todos se alejaron un momento de los dos. Me avisó que ya había llegado hace unos días y quiso darme esta sorpresa, mi madre fue su cómplice y le dijo dónde estudiaba. Siempre tan organizado y planeando las cosas, pensé. Me mostró los dibujos que hacía y cada día mejoraba más en su técnica. Me encantaba escucharlo y saber cada cosa proveniente de él. Mi deseo se cumplió.
- Por cierto, te queda muy lindo el collar- dijo y me mostró la otra mitad del collar del Sol. Estaban rotos iguales, parecía que solo se habían creado para encajar ambos y nadie más. Yo me di cuenta de un pequeño detalle que él no.
- ¿Parece cómo si el collar hubiera sido creado para estar encajados solo por estas mitades verdad?
- Eso mismo me dijo la señora en Ghen. Está creado para las dos mitades del sol, la tuya y la mía. Juntas forman el Sol, la nueva vida- lo miró extrañado, no sabía que sucedía- ¿Por qué lo dices?
- Siento que también se puede unir con otra cosa. Ves esta esquina, es como si necesitara otra mitad con esquinas en punta. Como...
- La Luna, cierto, ahora que lo recuerdo me comentó que jamás lo unas con la Luna u algo así, es la muerte, lo oscuro de la luz.
- Solo son supersticiones Austin.
- A mí me gusta más el Sol. Porque muere cada día por la noche, debido a que la Luna lo oculta y revive cada mañana. Es como el ave fénix, revive de sus cenizas.
- Jajaja, ¡Qué sabio! Es interesante hablar contigo.
- Se me había olvidado que era hablar contigo. Iré a mis clases, nos vemos a la salida- se despide con un beso en la mejilla y se va corriendo al escuchar el timbre. Su beso me hizo sentir mariposas revoloteando en mi estómago.
El Sol con su otra cara.
El Sol y su opuesto.
A la salida, Benjamín estaba afuera y Peter me pasó la voz de su presencia, intenté caminar muy ligera y no ponerme nerviosa. Benjamín se acercó y me dio un beso en la mejilla.
De pronto, sacó un ramo de rosas, eran muy hermosas y tenían un buen olor me quedé mirando y él me guiño el ojo, entonces me acordé de Peter y lo que me había dicho de él.
- ¿Qué pretendes con esto?- me fui a la defensiva.
- Ser tu amigo.- respondió él.
- Un amigo no haría eso.- le respondí con mala cara aunque verlo con ese ramo derretía lo poco que quedaba de mí.
- Bueno, solo quería hacerte una pregunta: ¿Quieres ir conmigo a la fiesta de mi amigo Pablo?, niña bonita- Mientras preguntaba se colocó de rodillas y todos se fijaron en aquel acto, no sabía que responder sí o no, ya había quedado con Austin que justamente estaba allí mirando con mala cara y mirándome como diciendo: !Vas a ir conmigo!
- Sí.- respondí de la nada y miré a Austin, el cual bajo la mirada automáticamente.
- ...- Austin, me miró y se fue muy enojado estaba hirviendo y aunque quise perseguirlo, él había desaparecido.
A pesar de que lo perseguí, no lo encontré por ningún lado quería explicarle las cosas y de por qué ese cambio tan repentino, no sabía ni su número, ni nada no quería estar así con él.
CAMIL
Camil Sánchez, la ex novia de Sebastián, era una muchacha muy libre. Le encantaba engatusar a los hombres, engañarlos y divertirse con ellos. Eso hacía con Sebastián, lo ilusionaba seguido, le decía que volverían y luego se olvida de él. Mientras él seguía detrás.
- ¿Vendrás Camil?- preguntó Sebastián- Tengo una cena espectacular preparada para ti.
- Eh, para eso te llamaba Sebastián. No podré ir a tu casa- otra vez le hacía lo mismo. Sebastián que se acomodaba la corbata se la arrancó con furia- No quiero saber de ti, ¡Entíendelo!
- ¿Por qué juegas así conmigo? Ayer la hemos pasado de lo más genial, pensé qué...
- Pensaste mal. Si salgo contigo es porque me la paso bien, pero no más. No busco iniciar nuestra relación nuevamente. Ya no te quiero.
- Ok Camil- ya iba a colgar y escucho lo que ella iba a decir.
- Podemos divertirnos en la fiesta de Pablo, yo estaré.
- Buenas noches- se despide colgando y tiró el teléfono a la pared. Jaló el mantel y las copas de vidrio se rompieron, al igual que el vino y la comida preparada.
Nunca lloraba, no lo iba hacer.
- Hijo, si quieres llorar, hazlo- dijo Paolo, el padre de Sebastián- No sé lo que ha pasado, pero lo voy a entender. Por favor, cuéntame.
- Si quisiera contártelo, es claro que no te lo contaría a ti, serías el último en enterarte, ¿entiendes, verdad?- sentía inmenso desprecio por él.
- Llora, todos lo hacemos- dijo sin hacer caso a las duras palabras de su hijo rebelde.
- Solo lloraré por la mujer que ame más que a mi propia vida, a la mujer que valga la pena, por la mujer que me quiera por lo que soy. Porque estoy soy y no me arrepiento de serlo.
FIESTA DE PABLO LOL
Ya era viernes, aún no era la hora de ir, pero tenía listo todo. Peter me dijo que vaya espectacular pues a él también lo habían invitado, decía que Benjamín se besaba con todas las niñas de la fiesta y siempre bailaba con todas pegado.
Me puse una casaca Jean y un polo corto con un estampado de flores, era muy bonito y me lo había traído de Argentina de una visita que tuve hace unos meses , los zapatos me los compré acá. Todo lo rellenaba, como dije antes tengo buenos senos y traseros excepto las piernas, aunque se habían endurecido, así que les eche un poco de brillo y se veían espectacular, me dejé el cabello suelto y me coloqué colorete rojo muy encendido. Escuché los ruidos de un motor y era Benjamín, mi corazón latió a mil por hora pensando que Austin era el del carro, solo me quedó sonreír amistosamente a Benjamín.
Entonces, me fijé por la ventana y él se dio cuenta y me quedó mirando como tonto, yo me reí. Bajé, me despedí de mis padres y comunique que volvería temprano, ellos aceptaron, pero que me cuidara.
Al abrir la puerta, Benjamín estaba de espaldas con unos chocolates, le pase la voz tapándole los ojos.
- Hola.- dije muy sensual.
- A ver adivino, eres una de las niñas más bonita que he visto y se llama Flavia.- dijo y quitó mis manos de sus ojos.
- Qué buena memoria.- sonreí por sus palabras.
- No me olvido de las niñas que me gustan.- respondió él entregándome una caja de chocolates.
- ...- me quedé estúpida, realmente me había dicho que le gustaba y realmente me agradó lo que me dijo.
- Estás realmente hermosa.- me acarició muy cerca a mis labios.
- Gracias.- dije viendo que estaba muy sexy.
Entonces, él me abrió la puerta del carro y yo me subí con gran delicadeza, ya en el camino sentía sus nervios y yo estaba igual, nadie hablaba nada, todo estaba en silencio. Quizás, era porque no sabíamos de qué hablar, si fuera Austin hubiera sido distinto. Llegamos y me abrió la puerta del carro, todos voltearon a ver quién era la acompañante de Benjamín y se quedaron bobos al verme, la baba de todos los niños de la fiesta caía por mí y sus princesas los golpeaban para que reaccionaran.
Benjamín, me agarró de la mano y entramos juntos a la fiesta al fondo vi a Peter con una amiga llamada Ana, él me miro y sonrió, yo le respondí la sonrisa.
Benjamín, me presento a sus amigos y amigas, todos ellos me miraron los senos y le gritaron: ¡Ese es mi muchacho!, estúpidos pensé.
Benjamín me empezó hablar de lo que le gustaba y odiaba, yo lo escuchaba con mucha atención, pero mi mirada se desvió al ver entrar a Austin con otra niña, tan bonita como yo. Él, volteo a ver quién lo miraba y se dio cuenta que era Flavia, luego se fijó a su costado y estaba Benjamín, y ya no volvió a mirar y empezó a bailar con Ximena, si la ex de Benjamín. No apartaba mi mirada de ellos, ella le bailaba muy pegado y él le seguía los pasos, me daba cólera verlos sonreír y reírse de todo hasta que volví a la realidad.
- Mi niña, ¿estás en este mundo?-pregunté al verla tan distraída.
- Sí, me esperas iré por ponche.- mentí, solo quería acercarme donde estaba él.
- Listo, te espero aquí.- respondió él mirándome el trasero.
Realmente, me levanté para ver que hacían porque desde el lugar que yo estaba no se veía casi nada y el ponche estaba a lado de ellos y Peter también.
Entonces caminé mientras muchos me miraban y sentí la mirada fijada de Austin hacia dónde yo estaba, me hice la loca, como si no me hubiera dado cuenta y volteé, lo pillé viéndome como tarado, pero a él si se le veía demasiado lindo, me sonrojé y en el acto que yo lo miré, se fijó en otro lado, pero sonrió.
Cuando ella me miró, estaba más nervioso que nunca, se veía muy sexy y linda como siempre. Así que viendo que quería acercarse a mí, yo di el primer paso.
Fui valiente y la agarré por la cintura mirándola, vi en sus ojos, amor y nervios a la vez ella temblaba.
- Hola.- saludó Flavia con cierto tartamudeo en los labios, estaba muy pegada a mi cuerpo, yo la apegué contra mí.
- Hola hermosa.- le sonreí con un brillo en los ojos.
- Lo siento, sé que no debí haber hecho eso, yo...- dije cuando Austin me acomodo el cabello y lentamente se me acercaba a besarme, me quedé parada sin hacer nada esperando aquel beso, lo besaría muy tiernamente, entregarle todo simplemente, cuando ya sentía su respiración más cerca que nunca en plena fiesta, alguien interrumpió.
Yo quería que ese beso fuera especial, así que no la iba a dejar hablar, le coloque el cabello detrás de sus orejas y coloque mi mano en sus mejillas calientes y me acerqué con mucha delicadeza, observando cada detalle de ella, de sus labios rojos. Sentí sus piernas temblar y cuando vi que ella iba aceptar mi beso, me acerqué mucho más hasta sentir su corazón, pero él vino y ella se fue con él.
Si nos interrumpió, ni más ni menos que Benjamín. Se le podía ver fastidiado y miró mal a Austin, solo atinó a jalarme al centro de la pista de baile y tuve que bailar con él, mientras Austin lo veía con odio contenido.
- ¿Por qué me jalaste así?- le reclamé mientras bailaba.
- No vez en la forma en cómo te mira- dijo más exaltado que nunca.
- No- respondí molesta por su actitud.
- Porque le gustas, es claro a medio mundo le gustas y yo estoy incluido.- la miré, estaba siendo sincero y al verla a punto de besarse con él, había sentido cólera, quería probar sus labios, ella me encantaba, no porque sea la más linda, sino que me hace hacer cosas que no hago, por amor haces locuras.
- ¿Te gusto?- me puse sonrojada, a mí también me gustaba Benjamín, había sido tierno en todo y eso me agradaba, aunque a veces lo veía un poco enfermo.
- Sí y mucho, quisiera poder tratarte más ver que puede suceder, ¿nos sentamos?- le dije ya algo cansado de bailar.
- ¿Dónde?, ¡Todos los sitios están ocupados!- dije viendo a mi alrededor.
- Allá al fondo, hay un sillón, pero está metido así nadie nos interrumpe.- dijo Benjamín jalándome hacia el lugar.
- Está muy oscuro.- dije al no ver nada, ni siquiera a él, entonces sentí alguien detrás de mí y me tapó los ojos, luego me volteó y con gran brusquedad me pegó contra él.
De pronto, sentí sus labios con los míos, mezclándose, comiéndose, sintiendo amor, estaba cerca de mí, me besaba con desesperación como si el mundo tendría fin, pero ese momento no lo tuvo jamás, yo lo besaba sin cesar y el me correspondía, el me apretaba más contra su gran cuerpo y entre cada beso, él sonreía.
Fue allí que me di cuenta que era más que gusto, me encantaba la forma en como nuestros labios se juntaban y ella me partía la boca de un solo beso, largo, pero con gran gusto entre ambos, sé que no he sentido jamás esto por alguien y no lo quiero sentir por nadie más, solo por ella.
- ¿Sentiste eso?- preguntó con los labios húmedos.
- ¿Qué cosa?- sonreí fijándome aún en sus labios.
- Mi corazón y el tuyo.- finalizó él, devorándome nuevamente los labios y acariciándome el rostro.
- Me encantó este momento.-le susurré al oído.
- A mi mucho más, no quiero que lo dudes. Vamos, te dejo en tu casa ya es muy tarde, mañana te recojo para ir juntos al instituto.- dijo dándome besitos en todo el rostro.
- Me parece perfecto, temprano sino me voy sin ti.- bromee en esa noche.
- Yo estaré puntual, lo prometo- con ella me olvida de quién yo era realmente, me hacía ser un mejor chico y eso es fabuloso. Ahora en adelante mi vida giraba en torno a ella. Podría matar a cualquiera que se le acercara en mi lista estaba el Ghensino con raza Moesína...Austin.
Al salir de aquel lugar oscuro y yo saboreándose los labios, Austin nos quedó mirando, sentí la mirada clavada en nosotros, se había decepcionado de mí y aunque yo no sabía que es lo que realmente él sentía, yo lo quería.
- ¡Provecho!- se acercó con gran sarcasmo hacia a mí y se fue, entonces Benjamín me sostuvo para no salir corriendo, lo empujé y fui detrás de Austin.
- ¡Austin!.- grité acercándome hacia él. Pocas gotas empezaban a descender del cielo, el Universo veía a sus destinos, estaban creados para terminar juntos.
- ¿Qué?- volteó y estaba hirviendo por dentro.
- ¡Por qué te pones así!- exclamé algo muy tonto, era claro el por qué estaba así.
Mientras la lluvia empezaba a caer sobre nosotros, empapados y con las ganas de hace un rato la lluvia nos envolvió siendo solo Flavia y Austin.
- ¿De verdad lo preguntas? ¿De verdad no te das cuenta? Dime, hubiera cambiado algo, si yo te decía Flavia de la torre, ¿Me gustas?- se acercó a paso ligero.
- No- contesté firme.
- ...- ese no que jamás quise escuchar por boca de ella, ahora se penetraba en mí, estaba lastimado, no podía obligarla a sentir cosas por mí.
- Sé que te he fallado, y no sabes cuánto lo lamento.- lo miré muy triste por la situación.
- Sabes, la única razón por la que vine aquí, fue por ti. Sí por ti, Flavia desde lejos he venido, volé horas y horas con tan solo verte, si realmente no quisiera nada serio contigo, no hubiera hecho esto, yo te quiero y siempre lo voy hacer, acuérdate de esto siempre y se feliz con él- Austin me lo confesó de pronto, muy empapado y con el corazón en la mano, no le dije nada más, me quedé mirándolo sintiendo su cariño hacia a mí, no sabía que pensar, ni hacer solo verlo partir.
CAPÍTULO 3
El verdadero amor
DIARIO
Madrugada del 2 Agosto
Hubiera cambiado si yo te decía Flavia de la Torre, ¿Me gustas? Hubiera cambiado si yo te decía Flavia de la Torre, ¿Me gustas?
Escribo y borro, escribo y borro, ¡Me estoy volviendo loca! Hace poco que he llegado a casa, empapada y me despedí de Benjamín muy rápido, creo que se dio cuenta, y por ahora no me importa. Sus palabras retumban a cada rato, me siento...
No pude escribir porque mamá y papá ingresaron tuve que guardar el diario debajo de la almohada, solo entraron para saber si es que no estaba en drogas ya que como digo entré como una loca sin saber qué hacer y ni siquiera los saludé, solo vine a escribir todo esto, es la mejor manera de expresarme.
¡Vino por mí! ¿Puedes creerlo? Te escribo como si hablaras, como si me respondieras todas mis inquietudes, pero esto es el diario, ¿no? A lo que me iba estoy delirando.
Sus ojos verdes que parece más un gato que un ser humano. Sus cabellos y su mirada penetrada en mí, porque rayos lo rechacé, porque rayos no me permito estar con él, ¿Por qué?
Austin Navarro, te quiero.
Había sido una noche muy larga entre cosas buenas y malas, cuando Benjamín me dejo en mi casa se lo agradecí, pero me despedí rápido. Subí hasta mi habitación, me puse mi pijama y escribí dos horas sin saber qué hacer, después me eché a dormir, tuve un sueño muy extraño donde aparecía Austin y yo corría hacia él, pero se alejaba a cada instante que yo iba, me desperté por la alarma eran las 6:00 am y mamá empezaba a gritar para tomar el desayuno, me cambié sin pensar en qué ponerme. No tenía ganas.
Terminé de tomar el desayuno y me despedí de mis papás, ya que Benjamín estaba esperándome, estaba muy guapo por cierto con una camisa a cuadros color azul, un jean y zapatillas negras.
- Hola.- le di un grato saludo en la mejilla.
- ¿Cómo amaneciste?, estás muy fría conmigo mi niña.- dijo Benjamín cargando mi bolso.
- No me pasa nada, estoy bien.- mentí, aún pensaba en aquellas palabras de Austin que retumbaban en mí.
- Bueno, yo por si quieres saber, me levanté muy feliz por lo de anoche y porque verte o simplemente hablar contigo, hace que sea un mejor día.- dijo muy sonrojado Benjamín, se ponía como un niño pequeño y eso me gusto, realmente se le veía tan lindo cuando era cursi o cosas así.
- Eres demasiado lindo, gracias. A mí me encanta pasar tiempo contigo.- le dediqué una sonrisa mientras conversábamos en el carro, él al escuchar lo último de mis labios, colocó sus manos sobre las mías entrelazándolas como si fuéramos enamorados.
- Me gustas.-le dije al ver aquel acto de él.
- Repítelo.- me dijo viéndome por un instante.
- Qué me gustas y mucho.- se lo repetí, dándole una sonrisa que él causaba.
- Y tú a mí.- finalizó él dándome un beso en la mano.
MOVERÍA CIELO, TIERRA Y MAR PARA PODER SENTIR CADA MINUTO JUNTO A TI, CADA MINUTO CONTIGO.
Luego de estar con Benjamín, nos despedimos con un abrazo cada uno se fue a su salón y sin motivo alguno Austin estaba en mi aula, me sorprendió mucho, entonces decidí evitarlo quizás el aún seguía molesto y no quería discutir con él.
- Ahora tú no me conoces.- dijo sentándose a mi lado y dejando un perfume que había olido en meses anteriores.
- Am, no.- dije sacando mi cuaderno y sintiéndome incómoda por su presencia.
- Ah, como quieras.- dijo recostándose en la mesa y viendo el pizarrón.
Él ya me había dicho que se iba a cambiar de aula al mío. Matías que estaba detrás de mí, me hizo con señas que le hablara y yo no, no.
Hubo un gran silencio por mucho tiempo, hasta que le volví a dirigir la palabra.
- ¿Y por qué estas acá?- fue mi pregunta sin acordarme que me había dicho que se iba a cambiar.
- Porque quiero- contesté frío. Tenías tantas ganas de hacerla renegar y luego calmar su fastidio con un abrazo.
- ¿Y qué quieres?- volví a preguntar esperando una mejor respuesta.
- A ti.- me miró y sonó la campana donde se suponía que debían empezar las clases, me puse roja y lo seguí mirando, realmente era hermoso tal como él es conmigo, me encanta.
En esa clase, nos asignaron compañeros el cual fue muy obvio que me tocara con Austin, no me molesto la idea y menos a él, así que sonreímos.
A la salida, estábamos caminando juntos hablando del trabajo y de donde lo haríamos, al final quedamos en mi casa ya que era grande y podríamos tener más espacio, él que si tomó a mal toda esta situación fue Benjamín que sin dudarlo me reclamó que hacia él conmigo y en el mismo salón.
- Yo no tengo la culpa, llegué y él estaba ahí, se sentó conmigo porque es mi amigo.- le explique cómo fueron las cosas, se notaba energúmeno y me causaba miedo.
- No me gusta que este cerca de ti- dijo tomándome de la cintura y con una cara de obsesión absoluta.
- Pues, no tienes nada de qué preocuparte- respondí con un beso en la mejilla para calmarlo. Hace mucho pensaba en lo enfermo que se veía cuando me reclamaba cosas o me miraba como si yo fuera un objeto que debe pertenecerle.
- ¿Segura?- me preguntó poniéndome muy nerviosa cuando me apegaba a su cuerpo.
- Muy segura.- sonreí dulcemente y no era una buena sonrisa de alegría sino aquellas sonrisas fingidas.
- Eres la mejor sin duda alguna.- me devolvió la sonrisa cálidamente
NO TE ACERQUES, QUE TE BESO
Ya en la noche me puse tan bonita como siempre, ropa muy ajustada y sexy, hice postres y bebidas, ordené la mesa para poner los materiales y ahí fue que lo esperé, varios minutos con algunos postres y bebidas sobre la mesa. Después de unos minutos, llego y tenía una sonrisa en el rostro, realmente me encontraba alegre.
- Toc toc- sonó la puerta, mientras yo iba muy rápido.
- Hola.- saludé al verlo en la puerta de mi casa.
- Hola.- dijo muy cortante y con unas cosas que traía.
- ¿Te pasó algo?- pregunté al ver su actitud tan déspota y como un hielo.
- Am, no. ¿Qué me tendría que pasar?, solo he venido hacer el trabajo e irme.- fue muy directo y duro conmigo.
- Está bien, pasa.- no dije más y vi cómo se sentó en la sala.
- Empecemos de una vez, ¿te parece? Quiero irme rápido.- me explicó muy sincero Austin.
- ¿Y por qué?, hice unos postres y compré algo para comer.- me quedé mirándolo con gran lastima por la situación.
- Pues sabes qué, yo no quiero ningún postre ni nada que tenga que ver contigo.- respondió aún sin mirarme.
- Por qué estas así conmigo, en serio lo siento por lo de la fiesta y por lo del salón, lo lamento.- dije cogiendo sus manos.
- No tienes nada que lamentar, lo dicho, dicho está.- dijo aún con la mirada perdida.
Después de aquella discusión, comenzamos hacer el trabajo asignado, duró alrededor de una hora, en el cual solo intercambiamos palabras sobre el tema y nada más, estaba muy serio y frío, él no era Austin, no era mi Austin.
- Bueno todo está listo.- se levantó cogiendo su maleta.
- Sí, nos quedó perfecto.- le dediqué una sonrisa y buscaba su mirada.
- Lo sé, debo irme, descansa.- se acercó suave y dulcemente a mis mejillas.
- ¡No te acerques que te beso!- grité, no sé porque se lo dije, no tengo una idea exacta como se me ocurrió decirle eso, solo vi que me quedo mirando muy extrañado, se apartó y siguió mirándome.
- Por qué me sigues mirando.- dije muy avergonzada por lo sucedido.
- Porque eres hermosa.- dijo con esos ojos que me gustaron desde la primera vez que lo vi.
- Lo siento mucho de verdad, no quiero lastimarte y por lo de Benjamín...- dije intentado explicarle, pero él me calló tapándome la boca.
- No digas nada, yo pelearía con el mundo entero si se trata de ti.- me lo confesó, dándome unas caricias en el rostro y fijando sus ojos en los míos, quedé perpleja ante aquella situación, no sabía que decirle o que hacer, pero él sí, siempre tenía una solución a todo, sus brazos rodearon mi cuerpo, hasta el punto de sentir que en sus brazos no tenía miedo.
A ella no podía decirle no a nada, siempre me ha gustado compartir mis cosas con ella. Ser aquel chico con la que ella sueñe y que ella sea la chica con la que haga las primeras cosas de la vida.
- ...- nos quedamos por varios minutos así, todo era mágico, distinto y me agradaba la compañía de él, después de ese momento se retiró y nadie dijo nada más.
Tenía que contárselo a alguien, entonces cogí mi celular y marqué el número de Peter.
- Aló.- respondió Peter, al parecer estaba durmiendo.
- Aló, Peter ¿Te desperté?- pregunté tontamente.
- No cómo crees, jaja.- respondió sarcásticamente desde su cama.
- Lo siento.- reí también mientras me tapaba con las sábanas.
- Me llamaste, para qué, justo soñaba con...- no terminó de decírmelo.
- Solo quería contarte que hoy abracé a Austin y me gustó hacerlo, aunque al principio no hablamos nada, todo estaba como el invierno.- se lo conté.
- Flavia, Flavia que haré contigo muchacha, entonces ¿te gusta?-preguntó Peter acomodándose en su cama.
- No, no.- respondí rápidamente.
- ¿Segura? - volvió a preguntar, alegrándome por dentro de que fuera así y hasta ahora no sabía por qué.
- Sí, a mí me gusta solo Benjamín.- dije muy firme.
- Si tú lo dices, lo que te hace feliz a ti, también me hace feliz a mí.- dijo muy tierno Peter, sintiendo una punzada en el corazón, pero no me lo dijo.
- Lo sé y no lo dudo, eres un tonto.- reí con total normalidad y tranquilidad de que alguien me escuchara.
- ¿Por qué?- preguntó matándose de la risa Peter.
- Me haces reír de la nada.- seguí con gran humor.
- Ahora soy payaso, jaja.- reímos mutuamente y muy fuerte
- Un lindo payaso.- lo alague.
- Tú eres rara, pero eso me gusta.- sonrió detrás de la pantalla del celular.
- ¿Yo? No nada, rara son tus amigas con las que quieres.- bromee.
- ¿Celosa?- quise escuchar otra cosa, aunque no sé por qué razón pregunté aquello.
- No, tú eres mi amigo y punto.- le aclaré en un dos por tres.
- Como si yo quisiera estar contigo, payasa- seguí bromeando.
- ¡Nunca!.- grité al teléfono.
- Nunca digas nunca.- fue una respuesta muy coqueta.
- Calla tonto, solo llamaba para contarte eso, gracias por escucharme-dije antes de colgar.
- Siempre lo estaré, para qué están los amigos.- contestó Peter, muy tranquilo.
- ¿Siempre?- le pregunté con una alegría en el rostro.
- Siempre, Flavia, siempre.- respondió él también con una sonrisa de oreja a oreja y sintiendo un brillo en los ojos.
EL SECRETO
Canadá.
María la madrastra había viajado para visitar a una de sus amigas y cerrar negocios.
- No sé cómo pude abandonarlo- decía María a su amiga mientras tomaban un café caliente. Era un época donde el frío provocaba muchas enfermedades a niños, jóvenes y adultos, así que la gran mayoría andaban lo más abrigados posibles y evitaban todo lo congelado.
- Abandonarlos- corrigió su amiga, la cual también era madre- No solo a tu esposo sino a tu hijo, ¿En qué pensabas?
- En Paolo nada más. Ciertamente, me enamoré de otro hombre y no pude controlarme.
- ¡Tenías un hijo! ¡Tienes!- exclamó su amiga, la calma se le iba a cada minuto viendo las respuestas tan frías y deshumanizaras de su amiga.
- ¡Yo sé, sé que tengo un hijo que no sé dónde estará! También, sé mi historia. Pero qué puedo hacer, ¿Sabes lo que es tener un esposo que siempre debe tomar pastillas e ir al hospital y esas cosas? ¡Es una tortura!
- Cuando se ama, hacer ese tipo de cosas no es una tortura, sino una manifestación de tu amor.
- ¿Y amor significa sacrificar tu vida plena y sana por un hombre que ya ni se puede trasladar por sí solo? ¡Ahora tengo todo con Paolo y Sebastián!
- Si realmente lo amas, sacrificas todo y eso es lo que tú nunca sabrás- respondió su amiga, jaló su bolso colgado en una de las sillas y se fue.
Ahí quedó María, sentada, pensando en solo en ella, porque eso era lo que importaba, ella.
MIS PADRES
- Luz, ya llegué- dejó sus maletas encima de la mesa. Papá, había llegado.
- Siempre bajaba lento y sin hacer ruido para poder saludarlo como antes, pero oí su conversación.
- ¡Pensé que nadie había quedado!-gritó furioso fijándose en la cocina por si alguien estaba- ¡No puede ser, yo mismo lo mandé! Y justo en ese momento, me vio y quiso actuar normal.
- Hablamos en un rato, acá esta mi hija- colgó y siguió "actuando normal".
- Papá...- dije, mientras bajaba de las escaleras y un miedo estaba atravesando en mi mente, como si ya no fuera el gran padre.
- Hija, ¿Tu madre?- preguntó papá en estado normal, sus nervios desaparecieron.
- Planchando, pero esta con música a full volumen por eso no te escuchó- le respondí aún desde el segundo escalón.
- ¡Fantástico! Iré a saludarla- dijo este último y le di pase a que subiera hacia ella.
CAPÍTULO 4:
Todo esto está llegando a su límite, ¡Sálvenme!
DIARIO, CATORCE DE AGOSTO
Y estoy con él. Me gusta tachar lo que no me gusta.
¿Y si no me gusta, por qué estoy con él? Creo que le hago bien, siento que esos conceptos que tenían de él o lo que antes fue han desvanecido, él dice que es por mí y eso me hace sentirme más aferrada para que no vuelva a ser lo de antes un mujeriego. Pero, no me siento muy cómoda, digo, es lindo, pero... otra vez ese maldito <<pero>>, pero no es Austin, eso es. Y las cosas han ido muy rápido como me dice Amber a través de mensajes. Y todo esto ya no me está gustando, se me declaró mientras veíamos una película en mi casa y fue como que... nada romántico y sus ganas de besarme sobrepasaban los límites, a cada rato me exigía un beso y no exagero... ¡Me ahogo!
Benjamín no es lo que espero.
DIARIO, VEINTE DE AGOSTO.
Y Hoy salí a correr, hace mucho que no lo hacía, mejor dicho nunca lo hago.
Estaba por el parque que está al frente de mi casa con mis audífonos y la música que me agrada I should Go. Y algo llamó mi atención aquel día, justo al frente mío venía un chico corriendo en sentido contrario al mío.
Y nos miramos como si ya antes nos hubiéramos visto, él sonrío y yo lo miré incrédula y pasó a mi lado, la piel se puso como gallina y volteamos los dos, ¡Los dos! Yo pensando que iba a ser la única que lo vería irse, él también lo hizo y me ruboricé. Luego, de eso no lo volví pasar, a pesar que me quedé unos minutos más, él ya no estaba.
No sé dónde lo he visto, sus ojos los cuales tienen un brillo tan...
Bueno, eso pasó un 20 de Agosto.
SUSPIRAS, TE TOCO Y MUERO.
Lunes, 25 de Agosto.
Me levanté con buenos ánimos de ir a estudiar al instituto, ya que vería a Benjamín y me había mandado un mensaje en la madrugada diciéndome que me extraña. Ya casi se cumplía una semana desde que no lo veía y decía extrañarme... Irónico.
Conversaba con mamá sobre la temporada de ropa y que en estos días estaría en su tienda, para comprar ciertas cosas con mi grupo de amigos.
Papá, se había levantado de mal humor solo tomo un poco de café y se fue inmediatamente quizás había discutido con mamá, pero no quise tocar el tema, mamá se veía triste igual me hablaba de lo bien que le iba, los mejores padres que podía tener.
Entonces sonó mi celular, pensé que era Benjamín y pues no, no era.
- Aló, amor. Buenos días.- saludé pensando que era mi niño.
- No soy benjamín, sino Peter jaja tonta.- rió por decirle "amor".
- Lo siento mucho, pensé que eras él.- reí estaba avergonzada por dentro.
- Descuida, estas enamorada. Estoy cerca de tu casa, ¿paso por ti?- pregunté, esperando un sí como respuesta.
- Claro, ven rápido que se nos hace tarde.- lo apresuré.
- Llegó en cinco minutos.- respondió y colgó.
Bueno subí inmediatamente para maquillarme y darme los últimos toques.
Sonó el timbre de mi casa, mamá fue abrir y me pasó la voz de la presencia de mi amigo Peter, bajé muy rápido, me despedí y ella me dio la bendición, dijo que estaría muy temprano por casa.
- Hola Peter.- corrí abrazarlo y le di un beso en la mejilla.
- Hola, tonta.- sonrió al verme.
- A mí no me dices tonta.- bromee.
- Tonta.- repitió y rió.
- Te encanta hacerme enojar, ¿no?- lo quedé mirando con una sonrisa en el rostro.
- Quizás, quizás.- dijo de pronto mientras caminábamos hasta el auto.
- A ti no te gusta quizás- le dije subiendo al carro, él muy caballero me abrió la puerta de su auto.
- Pero por ti, me podría gustar.- dijo cerrando la puerta y sonriéndome desde la ventana de auto, a lo cual me quedé pensando toda la noche aquella frase que dijo.
- Hoy solo tenemos teoría, ¿no?- preguntó mientras íbamos con música de Jesús navarro y Beatriz Luengo, Ley de Newton.
- Sí, también ¿te gusta esa canción?- dije subiendo un poco más el volumen.
- Sí, siempre me ha gustado y hay una parte en particular.- la situación en el auto se dio un poco romántica.
- ¿Qué parte?- pregunté mirando su perfil.
- Entonces suspiras...- dije esperando a que ella siga la canción.
- Te toco.- dije mirando sus dulces ojos color miel.
- Y muero.- sonrío y yo lo noté, si se notó que estaba sonriendo como un tonto.
Al llegar, él bajo del auto para poder abrirme la puerta del carro.
- No soy una princesa para que hagas eso.- dije bajando del auto.
- Para mí, tú lo eres y punto. Por cierto, te vez muy bien.- le guiñe el ojo.
- ¿Y recién me lo dices? Jajaja.- dije un poca confusa.
- Me olvido de las cosas cuando estoy contigo.- fue tan sincero que el brillo de sus ojos me lo dijo.
- Lo sé, lo sé. Vamos a clases.- dije jalándolo del brazo y era un gusto hablar con él, demasiado diría yo.
Fuimos corriendo por los pasillos del instituto yo cogiéndolo del brazo, cuando observamos que el profesor de teoría nos esperaba en la puerta del salón.
- Apellidos.- dijo automáticamente.
- Am, Walls y la Torre.- respondimos cada uno.
- Llegan tarde.- no miró fijamente mientras abrió la puerta y no hizo pasar.
- Walls tú al extremo izquierdo y la dama a la derecha, ahora.- gritó el profesor.
Peter me dirigió una mirada antes de irse y yo igual, el asiento de Austin estaba vacío que raro, pensé.
Ya había pasado una hora de que empezó las clases y me aburría más porque no tenía con quien conversar, Melany estaba al medio y nos había estado esperando, Ana estaba detrás de Peter y a cada rato lo miraba o le pedía algo, que odiosa.
En uno de los descuidos del profesor que se fue por unos minutos al baño, Peter vino corriendo hacia a mí y me dio un papel, se retiró tan rápido como vino para que el profesor no lo viera.
El profesor vino al minuto que Peter me dio el papel, yo lo abrí y decía: El profesor es un calvo que quiere con la profesora de psicología y justo en estos momentos está en sus días. Pdta. Me aburro sin ti :c
Reaccioné y lo quedé mirando desde el extremo que estaba. Ella me miró sentía su mirada fija y no me perdería el pase de verla a sus grandes ojos, solo reaccioné a sacarle la lengua y vi una sonrisa, ocasionada ni más ni menos que por mí, sí por Peter Walls.
Él me sacó la lengua como burlándose y me empecé a reír tan fuerte que el profesor mal humorado nos llamó la atención.
- Walls y La torre.- nos llamó la atención con su tono de voz rígido.
- Si, profesor.- dije yo con nervios y queriéndome reír en su cara.
- A coordinación.- gritó hinchándose la vena de su ojo.
- Pero, pero yo soy bien bueno.- se burló Peter y yo también.
- ¡Fuera de mi clase!- gritó nuevamente señalando la puerta.
Peter y yo bajamos lo más rápido, quisimos evadir el castigo o la llamada de atención, pero el profesor desde el cuarto piso nos miraba para ver si estábamos donde coordinación, nos sentamos en uno de los sillones de despacho y hablábamos, hablamos por varios minutos, pero una presencia llamo mi atención.
- Mira ahí viene Austin.- señalo Peter avisándome.
- ¿Dónde?- pregunté mirando por todos lados.
- Justo ahí.- dijo mientras Austin se acercó a nosotros. Y cada día era más bello. Mis ojos se iluminaban al contacto de su presencia.
- ¿Y ustedes?- preguntó llegando tan frío Austin. Y allí estaba ella con una mirada tierna.
- Castigados.- reímos sabiendo porque estábamos ahí, en las buenas y malas.
- ¿Y juntos?- sospecho Austin, mirando a Peter con mala cara. No soportaría la idea de verla con alguien más que no sea conmigo. Necesitaba que en algún momento ella me dé una oportunidad.
- Bueno, sí.- respondió muy serio Peter, sabía a qué punto Austin se refería.
- Flavia, podemos hablar ahora.- me miró, dejando como fondo a Peter.
- Am...- no supe que responder ahí se encontraba Peter y no quería que se vaya.
- Me voy.- dije viendo que en aquella situación de tres, yo estorbaba.
- ¿Te vas?- dije reteniendo su brazo y mirándola extrañada.
- No tengo nada más que hacer aquí.- dije quitando mis manos de sus delicadas manos y enojándome conmigo mismo de no aceptar lo que en realidad me pasaba con ella.
- Por qué lo retienes, ¿Qué te pasa?- la miré muy extrañaba había estado últimamente
- Es mi amigo.- respondí enojándome por la insinuación que hacía.
- Espero que siempre sea así.- la miré muy serio.
- Yo quiero a Benjamín.- lo miré con la misma actitud que él, "lo quiero", sí claro, pensé.
- Ah sí y ¿él a ti?- me miró como antes.
- Sí.- respondí firme y con la cara en alto.
- Ah por eso hace rato cargaba a su ex, ¿no?- se lo confesé, no tenía la culpa de que su enamorado sea la misma mierda de siempre.
- ¿Qué?- quedé atontada por lo dicho.
- Qué te engaña yo vi como la cargaba y le dio un beso cerca de los labios.- me exalté mucho.
- No te creo.- dije agachando la mirada.
- Es tu problema, entonces. Por cierto, pásate el número de la chinita.- dije sin importarme como se sentía.
- Para qué, estúpido.- lo miré con impotencia en todo el cuerpo.
- Para llamarla, ¿será?- pregunté irónicamente.
- Pregúntaselo a otra persona.- dije sin mirarlo y buscando con la mirada a Peter.
- Está bien y si buscas a tu "amigo" se acaba de ir con Ana, ambos se gustan ¿sabías no?- dije para molestarla sentía que eso de amigos era mucho más, él la miraba en la misma forma que lo hago yo.
- Am, no.- respondí con el corazón en la mano.
- Ahora lo sabes.- me guiño malvadamente.
El coordinaron me llamó la atención, la verdad ni lo escuchaba mi cabeza se había trasportado a otro lado, donde benjamín me engañaba, donde Austin me traba mal y con odio, por último donde Peter le gustaba otra niña y no me había contado, estaba al borde del precipicio.
Era como una fantasma que caminaba y caminaba, nadie me esperaba en la salida, estáaba sola, nadie me quería.
- Flavia.- escuché mientras ya me había alejado del instituto, pero no voltee- Flavia, tonta.- dije volteándola y la vi muy mal, pálida y con la mirada realmente perdida.
- ¿Qué quieres?- dije volteando y siguiendo mi camino.
- ¿Caminamos juntos o vamos en mi auto?- dije para animarla y para saber qué le pasaba
- No quiero nada contigo, puedes irte.- lo miré pesadamente a Peter.
- ¿Cómo dices?- la mire sin saber de qué hablaba. No entendía el porqué de su actitud.
- Pues que no me gustas, ni me gustaras, ni hoy, ni nunca. Qué aunque seas mi amigo jamás te miraría con otros ojos, jamás eres un chico tonto con carro, pero no me gustas y si vuelves a decirme cosas bonitas, te rompo la cara, ¿te parece? Puedes irte con Ana, haz confundido las cosas.- dije caminando más rápido, sin mirarlo, sin sentirlo, sin ver su reacción.
- ¿Qué hablas? ¿Piensas que me gustas? Qué todo gira alrededor tuyo, no porque te diga cosas bonitas o quiera pasar tiempo contigo, significa que me gustas, me caes bien, eres mi amiga y nada más, la que ha confundido las cosas acá eres tú y si soy un tonto de correr cuadras por ti. Adiós cuando se te pase hablamos.- dije rechazando mis sentimiento y sobresaliendo más mi orgullo varonil, no me dejaría que me pisoteara el corazón, aunque ya lo había hecho.
Me fui sin él, sin él y sin nadie. Llegué, mamá seguía con la misma tristeza de la mañana, todo iba mal.
- Mamá, hola ya llegué.- saludé sin ánimos.
- Hija, vino un tal Benjamín, me dejo un recado.- dijo mamá mientras lavaba unos platos.
- ¿Qué era?- pregunté con mucha intriga.
- Que te extraña y mañana vendrá por la tarde, pues no irá al instituto.- me dijo mamá dedicándome una sonrisa.
- Está bien.- dije sin sentido a nada.
A las horas, vino también papá con un genio muy negativo, empezó a gritarle a mamá diciéndole que la comida estaba fría y de mal gusto, que el café se encontraba amargo y muy caliente, se paró de muy mala gana y subió a su habitación, vi como mamá se le caía ciertas lágrimas por el rostro.
- Ya se le pasará, mamá.- le sequé las lágrimas y le di un fuerte abrazo.
Luego de distraer a mamá con algunos chistes y la televisión, nos dirigimos a nuestras habitaciones, mañana tenía matemáticas y había ejercicios que hacer, odio las matemáticas. Me había concentrado tanto en mi tarea, que escuché que alguien tiraba una piedras pequeñas a mi ventana, como si quisieran llamar mi atención, entonces me acerqué y era él, está justo debajo de un árbol y mirándome fijamente.
- ¿Qué haces aquí? ¡Estás loco!.-grité desde mi ventana.
- Loco por ti.- gritó él desde abajo.
- Vete, vete de una vez.- volví a gritar muy desesperada, tenía miedo que papá se levantará.
- No me iré de acá hasta volver hablar contigo.- grito Austin con un tono muy decidido y con unas cuantas gotas de alcohol encima.
- Estas ebrio, no sabes lo que dices, vete de una vez y déjame en paz, imbécil- dije lo último cerrando la ventana fuerte.
- ¡Flavia!.- gritó con desesperación, con ganas de verme, ganas de verme a los ojos, con amor- Flavia, siempre te he amado.- gritó nuevamente y pude ver como partía, como agachó la cabeza y se perdió entre las calles oscuras.
- Y yo a ti.- susurré viendo nuevamente su partida y puse mi mano en la ventana dando un suspiro de tristeza.
Me volvía loca, estaba mal, no sabía a dónde ir, qué pensar. Sentía mariposas cuando lo veía, a pesar de que me haga enojar, a pesar que intente ser frío, él me ama, siempre lo ha hecho y no sé si lo hace con la misma intensidad que yo a él, pero no sé, estoy confundida, no sé porque susurré aquello, quizás estoy confundiendo las cosas y son cosas del momento, si eso debe ser, Flavia.
Benjamín, no es lo que te ha dicho, solo quiere jugar cosas a su favor, él te quiere pero, Austin te ama, te ama te acaba de decir, siempre te ha dicho las cosas y tú nunca nada, siempre callas cuando lo tienes al frente, ¿Por qué?, porque te gusta pues tonta. Y Peter, que tiene que ver Peter acá, él también te gusta, acéptalo. Él, es un niño y no me gusta nunca me gustará, es buena onda, prefiero que me mate un carro, aunque ahora lo extraño, extraño sus malas bromas, extraño sentir como me mira y yo observarlo de reojo, por qué lo miras a escondidas, por qué te pones mal cuando alguien más le habla, ¿Por qué?
Rayos, me gusta.
Después de tener una larga charla conmigo misma y de sacar tantas suposiciones sean falsas o verdaderas continúe con mi tarea de matemáticas, era demasiada y muy complicada aunque al final llegue a terminarlas, ¡Uf, Qué alivio!
LOS MEJORES AMIGOS ESTAMOS PARA ESO
La noche se puso más oscura. Los postes alumbraban a un chico recostado en el.
- ¡No sabía que te encontraría aquí!- espeta Amil- Es hora de volver a casa, Sebastián.
- ¿Puedes largarte?- la mira fastidiado- A mí nadie me dice qué hacer con mi vida.
- Soy tu mejor amiga y se me da la gana de decirte cualquier cosa, ¿Qué me vas hacer?
- Lárgate- dice sin mirarla, sigue viendo la vereda- He dicho que te largues- grita a todo pulmón y Amil se asusta.
- Los mejores amigos estamos para esto y más. No, no me iré.
- Prométeme que serás mi amiga, siempre así sea el más egoísta del mundo
- Lo prometo, nadie te aguantaría como yo. Y si encuentras a una chica que lo hace, no la pierdas.
-Ja, ¿debería reírme?
- No seas así, tú eres muy divertido- le acaricia la frente- ¿Vamos?
- Si tuviera que elegir a alguien como mejor amiga, no dudo que tú eres la mejor. Vamos- se levanta, Amil era esa chica, esa amiga, que Sebastián quería mucho.
CAPÍTULO 5: LA MALDAD CADA VEZ MÁS CERCA
EL 6
Y me la pagara aquella persona que mató a mi familia entera, lo pagará en vida propia, frente a sus ojos verá como la luz se le escapa de las manos. Sufrirá lo que yo viví y peor, lo juro o dejo de llamarme Damián Torres.
CLASES DE MATEMÁTICAS
La clase tocaba a la primera hora y se me hizo un poco tarde pues como me había amanecido, pero igual llegué a tiempo.
- Señorita de la Torre, llega tarde.- dijo la profesora de matemáticas, su aspecto físico era normal, pero tenía cara de pez globo.
- Disculpe, profesora.- dije tomando mi asiento, fijándome que Peter se había sentado al fondo.
Mientras la profesora explicaba magnitudes proporcionales, que era el nuevo tema a mí se me había demasiado sencillo y no tenía ningún problema con los ejercicios, en cambio Peter veía que le salía humo de la cabeza y no me miraba, ni nada, qué pesado ese niño.
Entonces, interrumpieron mi concentración nuevamente, la misma persona que lo hizo anoche, Austin...
- Hola, ¿Me ayudas?- dijo Austin sentándose a mi lado y viendo mi cuaderno.
- Claro.- le di una gustosa sonrisa, esperando a que Peter nos viera.
- Mira el ejercicio 10 me sale así, pero está mal, lo sé.- dijo desconfiando de sus capacidades. Busca cualquier excusa con tal de hablar con ella, después de lo sucedido me sentía un tonto por estar enamorado de ella.
- Solo aquí te has confundido, bórralo y lo demás te saldrá.- lo quedé mirando y Austin no miraba el ejercicio, me miraba a mí.
- ¡Qué linda!.- me sonrió con esas sonrisas de agradecimiento. Y bueno ahí acabó. Pequeños momentos que los hacíamos sumamente especiales.
- Oye y ese brazo...- dije mirando las marcas por todo el brazo derecho.
- Am, mi gato.- mintió, pero en el fondo algo ocultaba, se sentía solo extremadamente solo.
- ¿Seguro?- volví a preguntar fijando en la profundidad de las marcas.
- Por qué te mentiría.- me miró serio y seguro de lo que decía, sin ninguna gota de sudor.
- Te creo- confié en él.
- Y bueno, por lo de ayer discúlpame no quise molestarte, pero sí quiero saber si hablaste con Benjamín- preguntó dejando el cuaderno de lado.
- Am, la verdad que no, hoy irá a mi casa y allí conversaremos, gracias por avisarme, aunque todo debe tener una justificación- le expliqué de la mejor manera.
- Debe ser, igual ya no te molestaré más. Te quiero contar que quiero salir con Melany, no te molesta ¿no?- pregunté teniendo la esperanza de que ella me retuviera, aunque ni salía con su amiga, solo habíamos intercambiado algunas cosas.
- Por qué tendría que hacerlo, tú eres mi amigo y si eres feliz, bien por ti.- mentí agachando la mirada y conteniendo el dolor. Iba a salir con Melany, fue como una bomba explotando en mi cuerpo, miles de cuchillas atravesándome, pero que podía hacer...
- Siempre te he amado.- escribí en una parte de su cuaderno, ella lo vio y sonrió. Que linda sonrisa tiene, ilumina mis días.
"No entiendo hasta hoy porque no pudimos estar juntos, si lo teníamos todo para ser felices los dos. Ella me quería, yo la quería. Siempre pasábamos tiempos de improvisos y le sacamos el mayor provecho, éramos muy felices juntos contra el mundo, imaginando nuestros encuentros por los pasillos, esperando que uno empiece la conversación así sea con algo tan estúpido como un <hola>, no entiendo qué nos faltó o qué nos sobró"
A la hora, la profesora pidió a lo que terminaran su avance, yo me acerqué y me revisó, mi nota fue 20, la hice.
En cambio, Peter seguía teniendo problemas y su orgullo podía más, lo quedé mirando, sabía que el sentía mi mirada, pero la rechazaba, entonces me senté a esperar a que tocara la hora del break.
- Pis.- escuché desde el fondo, no voy a voltear pensé, no soy perro.
- Pis, Fla.- volvió a susurrar, bueno aunque sea dijo Fla, lo haré sufrir un rato más.
- A mí me haces caso.- dijo tirándome un papel en la cabeza.
No voltees, me decía a mí misma riéndome por todo lo que hacía, era tan tierno, tan curioso y divertido.
- Flaviaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿Me vas hacer caso o no?.- gritó y medio salón volteo a verlo, como siempre empezaron a molestar haciendo el sonido de "wu"
- Me puse roja, no porque me gustara, bueno ya me gusta, es que cuando te molestan con alguien siempre te vas a poner roja, eso debe ser.
- Ven.- le respondí y nuevamente dijeron "wu".
- Te emocionas conmigo.- bromeó y se acomodó en el asiento.
- ¡Uy sí!.- respondí con sarcasmo.
- Me haces mis ejercicios, di que sí.- me miró con cara de perrito arrepentido.
- ¿Qué me das?.- lo miré queriéndome burlar en su cara.
- Un beso.- respondió él.
Me llevé una sorpresa al escucharlo decir "Un beso". Tragué saliva y respondí.
- ¿Es que acaso sonó el timbre?- Pensé en voz alta mientras escuchaba la última palabra que salían de sus labios un beso.
Solo esperaba a que riera como lo hace siempre, aunque muy dentro mío, hubiera querido que dijera ¿Por qué no?, no sabía cómo acercarme después de irme con el fastidio de dejarlo a ellos solos, simplemente fue lo primero que me vino a la mente mientras la miraba a los ojos, y aunque quizás era lo que en realidad guardaba en mi alma, UN BESO...
- Entonces no vale la pena hacerlo - Le dije mientras veía como todo su mundo se caía a mis pies, me sentía bien, aunque quizás no era lo que tenía que decir, corrección: LO QUE QUERÍA DECIR , entonces el simplemente agachó la cabeza, cogió su cuaderno, y con el orgullo desecho, arrastraba los pies, mientras regresaba a su asiento.
En el salón reinaba un silencio absoluto, como si alguien hubiera muerto, todos seguían su camino con los ojos abiertos y las pupilas dilatadas, como si se tratara de un espectáculo que todos hubieran pagado por ver. Me giré en mi asiento y seguí conversando con Austin que se acercó nuevamente.
Al sonar el timbre, todos salieron al break e incluso ella, se fue a lado de Austin caminando y riéndose de unas cuantas cosas que solo ellos entendían, quizás debo acostumbrarme a verlos juntos, el destino ya está escrito.
- Me quedé practicando los ejercicios y noté que la mano de alguien estaba encima de mi cuaderno, alcé la mirada y era Ana.
- Hola.- la miré tiernamente, ella me había comenzado a gustar... Bueno, gustar no, sino atraer. Es linda y muy amable conmigo, tiene los ojos como búhos y aún así sigue siendo hermosa.
- Hola, estudioso. ¿Qué haces?- preguntó ella aún con su mano encima de mi cuaderno
- Practicando, no soy bueno en matemática.- reí avergonzando, parecía un tonto al no saber temas tan fáciles como decía Flavia.
- Yo te puedo ayudar, claro si quieres...- dijo ella colocando suavemente su mano encima de la mía, en una forma de ser amigable y coqueta a la vez.
- Genial, ¿Qué día tienes tiempo?.- pregunté para poder quedar una hora, día exacto.
- Hoy, después de las clases, te parece- preguntó tímidamente, conteniendo el miedo de que yo le diga que NO.
- ¡Estupendo!, me esperas- la miré y sonreí, ella también respondió aquel estímulo y se fue a comprarse una galleta.
Iba caminando con Austin por los pasillos, todas las niñas lo miraban realmente era muy atractivo, pero jamás me fijo en aquellas cosas, era entretenido hablar con él, conversamos de cosas que nos gustaban, sirenas, dragones y lo que no nos gustaba, seguimos caminando y se podían ver las marcas que le hizo su gato, eran tan profundas que sospeche que algo malo le sucedía, pero lo descarte porque se veía bien y feliz, aunque dicen que todo se esconde detrás de una máscara.
- Y bueno, ¿Eres feliz?- preguntó de pronto, interrumpiendo mi trance de pensamientos.
- ¿Qué?- pregunté al no escuchar su pregunta.
- ¿Qué si eres feliz?- volvió a preguntar.
- Sí...- respondí rápidamente y vi que su mirada se dirigió al suelo.
- Entonces yo también- dijo y no entendí lo que me quiso decir.
- Todos somos felices.-lo quedé mirando, buscando en su rostro alguna respuesta a su pregunta.
- No, no todos. Algunos son felices con el dinero, otros con la familia, otros consigo mismo, otros matándose, otros felices porque la otra persona es feliz...sin ti- dijo lo último y pude entender lo que me quería explicar-Te quiero- fue lo primero que se me vino a la mente, ella es como una sirena, que está escondida, que nadie la quiere ver, pero yo sí, yo quiero estar en su mundo, me encanta pasar tiempo con ella, yo la quiero.
- Debemos ir a clases- le respondí a Austin, mirando a otro lado y evitando su te quiero.
- Te quiero- volví a decir, esperando que de sus labios venga un yo también te quiero.
- Debo irme, nos vemos en clases. ¿Vas?- seguí mirando la puerta del salón, donde podía ver la presencia de Peter que nos miraba fijamente. Seguí ignorando sus palabras.
- Quizás- respondió mirándose las marcas en sus brazos, recordando porque las heridas en su cuerpo y era que cada vez que demuestra su amor lo dejan solo, entonces se desahogaba cortándose un poco.
- Te estaré esperando- dije lo último gritando y corriendo hacia el salón.
- Yo lo he hecho desde siempre...- su voz de Austin se fue entrecortando, bajando el tono, porque nunca nadie lo escuchaba, siempre era Austin y la soledad, lo que no sabía es que llegaría alguien que lo salvaría de aquella vida.
Llegué a clases y me senté en mismo sitio de siempre, vi a Peter acompañado de Ana y empezaban a reírse en toda la clase, cosa que me fastidiaba demasiado y no pude controlarme.
- Se pueden callar- voltee muy enojado porque Peter estuviera sentado con ella y no conmigo, últimamente hemos peleado demasiado, no sé qué nos sucede.
- Am, no- respondió Peter, con un gesto en el rostro de no i- importarle si te incomodaba o no.
- Se callan o le digo al profesor, toda la maldita clase se han estado riendo y eso no me gusta, digo me incomoda- dije corrigiendo lo último, no quería parecer patética, ni nada.
- ¿Qué dijiste?- volvió a preguntar Peter, él ya había escuchado claramente ese: Y no me gusta de los labios de Flavia.
- ¡Qué me incomoda!- volví a repetir, poniendo muy nerviosa por la interrogación de él.
- Antes de eso-respondió Peter, con una gran picardía y acercándose a mí asiento. Cuando lo vi a mi lado, comencé a temblar atiné a mirarlo a sus lindos ojos.
- Eres un tonto-grité al frente de toda la clase y lo único que conseguí es que me echaran de la clase.
- Señorita Flavia, fuera de mi clase-me dijo el profesor muy fastidiado por mi actitud.
- Pero...- intenté explicar
- Fuera de mi clase- volvió a decirme y abriéndome la puerta.
- Te odio- susurré a Peter, clavando la mirada en él.
Acabé de decirle lo último a Peter y agarré mis cosas para irme a casa, puesto que era la última clase ya nada tenía que hacer ahí.
- Yo me voy con ella- se paró Peter en frente de toda la clase.
- ¿Cómo dice joven Walls?-lo miró extrañado.
- Que tengo que irme con ella-lo repitió sin alguna duda.
- ...- lo miré muy sorprendida, ¿Por qué hacía eso? A él no lo habían botado, está loco.
- Si es lo que desea, hágalo. Sepa que tendrá dos notas con cero por la actitud de hoy- advirtió el maestro Kim.
- Pónganme 10 ceros y jálame si quiere, pero yo me voy con ella- respondió muy malcriado y desafiante, cogió sus cosas y me llevó de la mano hacia los pasillos.
- Estás loco- lo miré seguía extrañada por su decisión.
- Loco por ti- quise decirle, pero no me atreví, maldito miedo. Para estamos los amigos ¿no? Yo te metí en problemas y no es justo que lo pagues sola- Peter, siempre le gustaba ser justo, no sé si esa manera de actuar hoy fue lo mejor, pero me pareció al fin de cuentas sorprendente.
- ¿Siempre juntos?- pregunté, era tan común entre los dos, decir siempre juntos ya nos había hecho un hábito, como un código de amigos, tenía ganas de abrazarlo, sentirlo cerca de mí de volver a disfrutar cada abrazo de mi amigo.
- Siempre-sonrió y tenía la necesidad de lanzarme a sus brazos y así lo hice, me solté deje todo mi orgullo, las peleas y por unos minutos, fui feliz.
Y ahí estaba yo, viéndola abrazar a Peter, no entré a clases por no ganarme momentos como este y fue lo primero que conseguí. Me estoy acostumbrando a verla de lejos y con alguien más que no soy yo. Mis ojos ocultan un misterio con su nombre, pero alguien está ocupando mi lugar. El rostro de Peter, me vio y con un rostro de satisfacción me sonrió sintiéndose seguro y el ganador, yo solo los vi con la fuerza que estaban abrazados y salí del instituto rumbo a la nada.
- ¿Qué te parece si hoy vemos una película en mi casa?- sugirió mi gran amigo.
- No puedo- rechacé su invitación, aunque hubiera sido lindo ver una película a lado de él y hacer la que me asusto con tal que me abrace.
- ¿Por qué?- puso carita triste.
- Pues hoy va Benjamín, hace días que no sé nada de él, ¿puedes creerlo? - lo miré incrédula, ya estaba acostumbrada a la decepción.
- Es porque tú lo permites, si estarías con una persona que te quiera, te escuché, te soporte y te engría o que con solo decirte "hola" tu corazón late tan fuerte que te pueda dar un paro cardíaco, allí sabrás que es amor.- la contemplé realmente hermosa, muy hermosa la pequeña.
- Nadie me va a querer, viste mi carácter de miércoles que tengo ¿Cómo voy a pensar que alguien me va a querer así? Si ni yo misma me soporto- dije con un poco de lamento, tengo un carácter de perro, me pongo de mal humor a cada instante y pues odio las bromas, jamás bromees conmigo, pues serás hombre muerto y no miento.
- La persona que te quiere te acepta con todo lo bueno e incluso lo malo, sino mírame, yo sigo aquí- le di una tímida sonrisa, esperando a que sea aceptada.
- ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto va a durar?-lo miré de frente.
- Hasta que tu corazón deje de latir-rió tan tiernamente que me hipnotizaba que sentía que cada palabra proveniente de sus labios hacía que toque el cielo.
- Ya empiezas, ya- lo golpee en la cabeza con gran delicadeza.
- Así me pones- río Peter, cargando mi mochila en su espalda.
- ¿Vamos?- vi como colocaba su mano delante de mi mirada, estaba estirada como ofreciendo caminar de la mano por los pasillos del instituto, ¿Por qué tenía miedo de coger su mano? Sentía, tenía y quería hacerlo andar como si solo fuéramos uno y así fue.
- Vamos- entrelacé mis dedos con los de él, sintiendo nerviosismo y miedo, sintiendo tantas cosa por dentro, ¿No tiene nada de malo andar con tu amigo así, no? Pensé. Bueno a quién le importa, solo a mí. Ah no, a ella también lo digo por Ana, estará muriendo en el salón, eso le pasa por meterse con mi chico. Ya con nuestras manos entrelazadas, nos quedamos mirando por unos segundos, sin saber que decir o que hacer, ¿Besarnos? No, somos amigos Flavia, amigos.
- Somos amigos, ¿no?- rompí mis dulces pensamientos.
- Los amigos no hacen esto- dijo alzando nuestras manos y cargándome con una sonrisa en el rostro.
- ¿Qué haces? Bájame, Peter- dije mientras él me cargaba.
- Te voy a bajar, cuando lleguemos a tu casa- me sonrió.
- No, estás loco- grité ya cuando nos encontrábamos fuera del instituto.
- Solo un poco- río, fijándose aun en el camino.
- ¿Solo un poco?- lo miré.
- Extremadamente loco, ¿feliz?- me respondió y me cargaba con mucha más fuerza
- Me voy a caer, ya vi- hice una broma o muchas, en todo el camino.
- Tu caes, yo caigo, ¿recuerdas?-la quedé mirando a sus enormes ojos, a los preciosa que se veía y lo bien que me sentía de poder hacerla reír.
- Am, no- me comencé a reír, mucho más, sin cesar.
- Ya rompiste el momento, bah- dijo riéndose con picardía
- ¿Falta mucho?- pregunté, mientras veía que todos nos miraban, los niños, las señoras, los ancianos, el mundo giraba en torno nuestro
- ¿A quieres ir más rápido?- dijo alistándose para ir más rápido, como si quisiera ser un cohete
- No, no ni lo pienses- dije al ver que se estaba acomodando para avanzar raudamente.
- Tú lo pediste, yo no- comenzó a correr, al hacerlo coloque mis manos mucho más fuerte por su cuerpo, sujetándome por si me caía, lo sentí, lo toque y él seguía corriendo, gritando: Permiso, princesa en camino.
- Te odio- dije con los ojos cerrados y sintiendo todo el viento con nosotros, envolviéndonos, siendo uno.
- Y yo te quiero- me dio un beso en la frente, bajando el ritmo del transcurso.
- ¿Qué dijiste?- me hice como si no había escuchado, solo quería ver su sonrisa, sus labios y sus ojos al decirlo.
- Que te quiero, te quiero con todo mi alma, con todo lo que soy, te quiero porque sé que eres tú, la niña que vi al entrar un día al salón y le sonreí, la que me devolvió la sonrisa y supe que eras para mí, te quiero por mil razones, porque sé que te necesito, sé que me necesitas, sé que tengo que estar contigo, porque somos uno, así nos distanciemos o nos enojamos, así comencemos a reírnos o a pelear como niños tontos, ¿por qué? ¿Por qué te quiero? ¿Y lo preguntas tú? Porque es amor- dijo acercándome con sus brazos que aún me tenían sostenida en él, me acerco con gran suavidad, como queriendo recordar aquel momento, como si quisiera ver minuciosamente mis labios y yo lo veía, lo seguía mirando, esperando ese beso, ese beso que me tiene al borde de la locura, ese beso que me negué en aceptar por muchos días, en esa realidad en la que no quería caer, pero hoy estoy en sus brazos colgada de su cuello y jugando con su labios, mordiéndolos, disfrutándolo, sintiéndolo, saboreando, besarlo sin algún impedimento, besarlo con gran locura, quemando nuestros labios sintiendo un fuego y ahora sé que ese fuego, es amor, amor por Peter Walls.
Y me continúo besando con mucho más desesperación, jamás había sido tan feliz en tan solo un momento, bueno en verdad también lo fui cuando vi por primera vez a Austin...
CAPÍTULO 6:
Y cuando se quiere, no se piensa nada, solo es un Sí a todo.
REGRESO AL PASADO
Ya iba tanto tiempo en esa ciudad de Ghen y nunca había sentido mariposas por nadie, hasta que lo vi. Vi a Austin, un niño alto y con unos ojos preciosos, con una sonrisa que te quedabas helada y era tan perfecta.
Estaba justo al frente de mí, conversando con unos amigos, yo lo observaba, siempre lo hacía, desde los pisos del instituto o detrás de los arbustos y cuando pasaba por mi lado, sentía nervios y hablaba de cualquier cosa a mis amigos, hasta que un día de suerte...
(...)
- Esto es...- dijo Peter abrazándome, mientras yo recordaba cuando fue la última vez que había sido feliz, esta no había sido la primera, sino antes también había tenido esta sonrisa de idiota que ahora era causa de Peter.
- Hermoso- culminé la frase, aceptando su brazo, sintiéndolos alrededor de mi espalda.
- No olvides este momento, nunca por favor- suplicó ya alejando nuestros cuerpos uno del otro.
- Te lo prometo- me despedí con un beso en la mejilla y corrí a mi casa, seguía atontada por lo sucedido y había sido un momento mágico, que me gustaría repetirlo una y otra vez, hasta que el mundo se termine.
Ya con la puerta cerrada, no estaba ni más, ni menos que Benjamín con mamá conversando, él tenía una cara de pocos amigos ¿estará en las drogas? No era el niño que había conocido, tan simpático ahora era un loco y despeinado.
- Mamá, déjanos solos por favor-miré muy deprisa a mamá.
- Está bien- dijo mientras subía a su habitación.
- ¿Y qué te pasó a ti? Te desapareciste por días- dije sin acercarme a él.
- Bravo, bravo. Me voy por unos días y ya me cambias por el imbécil de tu "amigo", qué rápida eres- me insultó que sentía una punzada en mi corazón.
- ¿Perdón? Estas equivocado, tú te fuiste, me abandonaste, no estuviste nunca, ni te preocupaste por saber cómo estaba y...¿ahora me reclamas?-lo
miré con ironía.
- Am, sí. Eres mi enamorada- afirmó con gran seguridad.
- Tú y yo, ya no somos nada, desde que no supe nada de ti, lo dejamos de hacer ahora no existes para mí, que te quede claro. Y si quiero intentarlo con Peter- lo grité a los cuatro vientos.
- ¿Qué dices? Tú debes ser mía, no de él- se acercó algunos pasos hacia a mí
- Aléjate, no te acerques- retrocedí con miedo, pero no lo demostré.
- ¿Qué pasa ahora me tienes miedo? Si no eres mía, no serás de nadie- dijo disfrutando mi miedo y nerviosismo que estaba teniendo.
- No, menos a ti. Terminamos para que te quede claro- me paré muy decidida conteniendo las ganas de mearme de miedo por ese momento.
- Conmigo no se juega, que te quede claro, si no eres mía, no eres de nadie- se despidió dando una mirada, de esas miradas frías, como las de un asesino en serie, como si estuviera anestesiado por drogas y de odio contenido en su ser.
- Adiós- grité desde la puerta, viéndolo correr hacia la derecha y cerré automáticamente la puerta.
- ¿Qué pasó hija?- bajó mamá preocupada al escuchar el golpe de la puerta cerrada.
- Nada, si vuelve a venir, no lo dejes pasar o le tiras agua caliente, acabo de terminar con él- se lo conté a mamá con tranquilidad ya en mí.
- Lo comprendo hija, tu papá viajó hoy y ni se despidió- se sentó mamá en el sillón de la sala.
- Seguro le salió algún trabajo por allá mamá, no te preocupes- la abracé pues estaba muy deprimida, bajoneada y con grandes ojeras.
- Te amo mi niña- me dio un dulce beso en mi gran frente.
- Yo siempre te he amado mamá, desde que estuve en tu barriga- reí, hice un poco de humor al momento y conseguí sacar a mamá una sonrisa de su hermoso rostro.
Subí inmediatamente a mi cuarto, me coloqué mi pijama de flores y me dormí profundamente.
Eran las 3:00 am de la madrugada y mi celular empezó a sonar, busqué por todos lados y se me había caído, contesté y era él.
- Hola, ¿te desperté?- me dijo Peter escuchándome desde el otro lado.
- No, como crees- fui sarcástica y apoyando mi cuello en una almohada más suave.
- Bueno, me la debías, la vez pasada me levantaste, te toca. No te molesta ¿no?- preguntó asegurándose de que su llamada no haya sido de mal gusto y me pareció lo mejor y tan askjsad.
- No, Peter. Tu nunca me molestas, te cuento que terminé con Benjamín ya no lo aguantaba, a parte me amenazó y me dio miedo- dije aun recostada en mi cama
- ¿Qué? Es un imbécil, yo hablaré con él, no te puede asustar, que se meta conmigo, contigo ni que lo sueñe- dijo con gran rabia.
- No, no bonito, no hagas nada pues ya esa relación acabó y no tiene caso que lo toques nuevamente- sugerí, no quería que se peleara o lo dañara, no a él.
- Bueno, si tú lo dices. Bonita, te llamaba para decirte que me haces feliz, hoy más que nunca, siempre lo has hecho, cuando te veo sonreír eso me hace mejor a mí y estoy tranquilo sabiendo que tu estas bien, cuando caminas por un lado para él otro también, pareces un pingüino, pero así toda te quiero con todo el alma, jamás olvides estas palabras, bonita te lo repetiré cada vez que pueda, te quiero, te quiero y no te canses de mí, te haré feliz y te enamoraré día a día y si veo que te pierdo, estaré detrás de ti, hasta el día que sienta que podemos ser uno y te diré para que seas mi enamorada, no me rechaces- dijo con un tono, voz de tanta dulzura, de tanto amor, cariño, respeto, de querer estar conmigo con el corazón y no porque era un capricho como Benjamín pensaba que era.
- Casi lloro, eres él más tierno, mi bonito. Mañana, ¿Qué haremos? Es Sábado- comenté esperando su respuesta.
- ¿Dónde quieres ir?- preguntó mi bonito- Tú dime y yo crearé el lugar para ti.
- Vamos al parque, quiero aire libre y disfrutar del paisaje, la gente- dije con gran emoción.
- Listo, mañana te espero en el parque que está a 3 cuadras del instituto o ¿deseas que vaya por ti?- preguntó nuevamente preocupándose por mi reacción.
- Me parece genial, bonito. Yo tengo mis pies para ir sola, descansa, te quiero así de mucho-dije antes de colgar, que hermosa conversación nocturna.
- No te demores a las 10:00 am, despiértate dormilona, hasta luego, te quiero- colgó y me sacó la mejor de las sonrisas, hasta que recordé quién también lo hizo.
QUERIDO DIARIO
MIERDA.
Ese era realmente Benjamín. Lo he visto deambulando por calles muy extrañas dónde la gente ni transcurre por miedo a salir dañado. En cambio, él sí. Al irse, por circunstancias que aún no sé, me dio motivos de alejarme más de lo que ya tenía, quizás hubiera sido peor si le decía que no me sentía bien con él, que todo era una farsa para no verlo como está hoy. Y que digo de Austin, pasa por mi lado como si nada. Hace unos días lo encontré escribiendo en un cuaderno viejo, me hizo leer y escribe muy bien. Aunque tenía mi diario dentro no podía enseñarle mis enredos y confusiones. Amber, llamó hace dos días y me dijo que era una PERRA.
- Y le pregunté los por qué. Ella respondió que un día estoy con X y al otro con Y, supuse que era por Benjamín y Peter. Sin embargo, entendió mi posición de sentirme incomoda con una relación que no quería y si alguien más me estaba interesando, dijo: ¿Por qué no?
A lo cual me sentí mucho mejor, hasta que tocamos a Austin. Y mi mundo de enredos y laberintos apareció...
Y no quiero perderlo, eso es todo.
Hasta que un día de suerte...
Un día soleado, un momento oportuno, un día perfecto, él llegó a mi vida.
Quiero empezar diciendo que Austin, era de esos chicos populares dónde cualquiera quería salir con él, el más cotizado y envidiado por muchos que deseaban su puesto. Cuando pasaba por los pasillos con su grupo de amigos incluido Jacob, su mejor amigo, siempre había algo que contar.
Pues, me miraba, yo lo miraba y cuando creía que era a mí, era a otra. A veces, escribía en mi diario antiguo y para que no me vea que lo observa pasar agachaba un poco el diario hasta tenerlo justo al frente, eso eran mis tardes.
- Pero... un día de suerte, él marcó mi vida, ¡Me salvó!
Uno de Febrero 2013
Había un grupo de chicos que eran los más odiados del lugar,yo justo pasaba con mi maleta y mis libros en las manos, recuerdo que era un libro sobre la realidad de las sirenas, iba tan concentrada que cuando alcé la mirada ellos estaban alrededor mío.
- Permiso- dije empujando a uno de ellos y no pude pasar debido a que hizo resistencia al empuje.
- ¿A dónde crees que vas?- pregunto el más rudo llamado Adrián.
- Eso a ti no te importa- contesté de mala gana y mirándolo a los ojos sin bajar la vista.
- ¿Ah te crees ruda? Quítenle su libro- ordenó el líder de su tonta banda.
- Dámela ahora- dije ya poniendo un poco nerviosa por la incómoda situación.
- ¿Así que te crees una sirena? Jajaja, patético- se comenzaron a reír mutuamente.
- Am, no, pero me gustan- dije con la mirada en el suelo y sintiéndome estúpida por ese momento.
- Bueno, te haremos tu sueño realidad. Página 49 dice: Me lancé al mar para no ser vista más, sin saber que él me iría a rescatar, mi cola se empezó a formar y cuando él me vio, se sorprendió y me dio una gran sonrisa-. Interesante...
Tírenla a la piscina, a ver si te sale cola, tonta- dijo el líder, el más rudo, el que me caía demasiado mal, el que siempre me molestaba, sus amigos me cargaron y aunque pedí de que no lo hicieran pues no sabía nadar y la piscina era tan profunda, ellos hicieron caso omiso e igual me sumergieron en el agua, vi sus siluetas mirándome como caía hasta el fondo de la piscina y sentía que ahí acaba, ya se me iba la respiración, seguía cayendo de a pocos y ya no veía ninguna silueta, esos malditos se habían ido, veía la luz, el sol y cuando estaba a punto de cerrar los ojos para morir, él me salvó.
Vi un gran cuerpo sumergido al igual que yo, dirigiéndose hacia a mí y me cogió de los brazos y me llevo hasta la realidad cuando ya estaba al borde de la muerte y volví a respirar.
- ¿Estás bien?- al despertar vi el color de sus ojos y el brillo en ellos, sintiendo una pequeña ternura en sus brazos que aún me rodeaban.
Brillaba su cuerpo como un Dios y sus cabellos mojados lo hacían más sensual de lo que ya era. Sus ojos verdes estaban más claros y su sonrisa alargada, viéndome como la pintura más hermosa del planeta.
- Ahora, sí- dije tontamente- digo, sí- reí, completamente mojada y él también, las gotas bajaba por todo nuestros rostro y el sol empezó a alumbrar con mucho más intensidad hacia nuestros ojos. Nos quedamos mirando por unos segundos sin ningún motivo, nos reímos. Y eso era, su risa la que me enamoró desde siempre.
Jeje, que linda, ven salgamos de acá- dijo cuándo nos encontrábamos todavía en la piscina remojados, esa risa y el término calificativo linda, había hecho que mis ojos brillaran, pero luego comprendí que había entendido lo que le había dicho, así tontamente, así como si fuera un helado que se derrite, ay qué vergüenza...
Actualidad...
Luego, de haber conversado con el más bonito, me dormí nuevamente y me levanté a las 9:00 am con muchas ganas, me di una ducha súper rápida y me cambié con unas blusas transparentes un short y mis zapatillas, me dejé el cabello suelto, me despedí de mamá que se encontraba bailando en la sala, como método para distraerse y me fui a encontrarme con Peter.
Yo ya me encontraba en el parque, aquel día había mucha gente, pero se veía muy hermoso solo faltaba ella para verse mejor, no puedo negar que estaba muy ansioso de poder verla y pasar un tiempo a su lado. Ya había pasado mucho, desde que la llamé para saber si vendría y ella me lo había confirmado, ¿Algo le habrá pasado?
DAMIÁN
- Si los he reunido acá no es para jugar a las muñecas, sino a buscar venganza- advirtió Damián dando círculos y pensando sus palabras antes de decirlas.
- ¿Venganza?- repuso uno de ellos- No sería mejor matar al que tanto daño te hizo.
- ¿Y qué crees que voy hacer? Sin embargo, necesito que dos de ustedes me busquen quién mandó a matar a mi familia y lo necesito para dentro de una semana, ¿entendido? - señaló a dos de ellos, uno de que llevaba una casaca de cuero color negra y a uno de camisa azul. Estos dos se miraron en forma de cómplices.
CAPÍTULO 7 : Y ahí estamos los dos en un mismo camino, sólo tú y yo.
Uno de Setiembre.
UN CAMINO
Iba con los pasos más rápidos del mundo, aunque aún era temprano no quería fallarle y menos demorarme, cada minuto con él lo disfrutaba, entonces...
- ¡AUSTIN!- Grité al verlo ensangrentado en medio del camino, corrí, corrí todo lo que pude, con todo el alma, con todo el corazón. Estaba herido le había caído una bala en la pierna.
- Flavia...- dijo al verme con sangre en la mano. No gritaba de dolor, pero sí sentía que la pierna no le funcionaba.
- ¿Qué te pasó?, ¡Qué pasó!, tengo que llevarte al médico, estás muy mal- dije al borde del llanto al verlo en esas condiciones. Me desesperé demasiado, veía un charco de sangre y al amor de mi vida tendido en el piso.
- Eso ya hizo una señora hace unos minutos me prometió que volvería, todos pasan y no son capaces de llevarme, estoy desangrándome, me duele, ayúdame por favor- suplicó cogiéndose la pierna con gran fuerza.
- Estoy aquí, estoy aquí, no te preocupes yo no te dejaré, no tengo dinero ¿ahora? Ya sé, ven iremos juntos, ¿aguantarás?- pregunté intentando estabilizarlo y ponerlo de pie.
- Sí, lo sé, llévame rápido, no aguanto el dolor- dijo apoyándose en mi cuerpo y veía como la sangre caía por todo el camino.
- Iremos por este camino, es mucho más rápido- dije ayudándolo a caminar. Puso sus brazos al rededor de mi hombro y cuello.
- Nuestro camino- afirmó él, volteando el rostro hacia el mío y nos quedamos mirando fijamente y agaché la mirada para terminar esa sensación tan extraña y bonita que estaba pasando, ¡Qué ojos de este hombre!- pensé mientras seguíamos el camino.
Ya había pasado más de media hora y seguía allí con el ramo de flores y mi guitarra para poder sorprenderla, llamé dos veces y no me contestaba, seguí esperando hasta que ella me llamó diciéndome estoy en el hospital, en ese momento mi corazón se paró y salí corriendo por ella.
LA LEYENDA
- No me digas que ese es su destino- preguntó la vidente o bruja como le gustaba que le digan.
- Sí, él es, Arkeus en otro tiempo- respondió su acompañante.
- Mejor esta su otra parte- dijo viéndolos irse a Flavia y Austin, ella fue la señora que prometió que volvería y nunca lo hizo, su nombre Rosa.
- Cómo te dije hace un momento, el Universo conspira a que ellos terminen juntos, ¡Nada podemos hacer! - exclamó Lucía a Rosa.
- Tú no podrás hacer nada, yo sí, tengo que terminar lo que Amelia comenzó y lo que nunca debía comenzar- fijó sus ojos en ellos.
- Dame el libro, necesito leer lo que decía la leyenda- pidió Lucía y abrió el gran libro "la otra parte" y leyó:
(...)
Pero, el universo no tenía en sus planes el balance de la naturaleza que no estuvo de acuerdo con lo que habían cometido y se unió a la bruja Amelia, dándole un poder sobrenatural. El universo se puso en contra de hallar a la otra parte la cual ya tenía nombre, pero la naturaleza explicó que la vida debía tener un balance y que si no se cumplió dichas palabras en vida, no podía pasar en otro lado. El universo y la naturaleza sin saber a qué punto llegar declararon sus posiciones.
EL UNIVERSO: El destino de Arkeus y Katherine debe cumplirse a lo largo del tiempo, ya sea en un tiempo paralelo, en el collar está escrito.
LA NATURALEZA: No, lo que terminó no puede florecer dos veces, aquí culmina. Ella debe dar un balance a la naturaleza que es encontrar a otra persona, encontrar a su otra parte, su alma gemela.
EL UNIVERSO, confiado que sus palabras serían realizadas y cumplidas, no dijo más.
LA NATURALEZA: observando con una sensación de ganador al Universo pregunto: ¿Por qué tan confiado?
EL UNIVERSO: ellos se conocieron primero, está escrito en el collar, sino tu otra parte la olvidará si esto no llega a completarse.
LA NATURALEZA: ¿Estás seguro que fue el primero en conocer? No me sentiría tan confiado. Y si mis palabras, ahora hechas en este libro no se cumplieran, tu muchacho Arkeus de la otra versión volvería al tiempo donde ella no existía.
EL UNIVERSO: ¿No es lo mismo que mi clausula?
LA NATURALEZA: A eso me voy, tenemos la misma cláusula para ellos dónde en sus vidas jamás llegó una Katherine. Pero... ¿Qué tienes para ella?-preguntó.
EL UNIVERSO: Si la leyenda escrita en el collar hecha por la mitad se disuelve
Su otra parte muere, ¿Y tú que tienes para ella?
LA NATURALEZA: la muerte de su destino, pero tengo una ventaja, que las otras partes pueden ser más de uno y existe una carta (una persona) que es el definitivo.
EL UNIVERSO: Pero... si se queda con el mío, igual moriría por tu compromiso.
LA NATURALEZA: y si se queda con el tuyo, muere el mío. ¿Contradictorio, no?
UNIVERSO: Entonces... no se quedaría con ninguno porque si no mueren
nuestras creaciones.
LA NATURALEZA: Pongamos juicio a todo esto con el SUPREMO.
(...)
Y cuando estaba a punto de leer lo que el Supremo declaró. Rosa, cerró el libro y se lo llevó.
- Mucha información por hoy- dijo Rosa, mirando con desconfianza a su "amiga".
HOSPITAL
Llegamos en diez minutos o menos porque en el camino un señor se ofreció a llevarnos y se lo agradecí tanto que pensó que era mi enamorado.
- De nada muchachita, yo también hubiese cuidado a mi enamorada al igual que tú lo haces con el joven- dijo en uno de los asientos del hospital.
- No, no. Él no es mi enamorado, solo somos amigos- le aclaré mientras veía a donde llevaban a Austin.
- ¿Segura? Tanta preocupación y ese brillito en los ojos, me dicen lo contrario- dijo el señor mientras se despedía de mí y le volví agradecer por ayudarnos.
- Brillito...- susurré quedando en duda.
A la hora, vino Peter y me alegró de que esté conmigo en estos momentos que se me habían hecho una eternidad pues no sabía nada de Austin.
- ¿Qué pasó bonita?- dijo dándome un beso en la mejilla.
- Pues iba para poder encontrarnos y hallé a Austin tirado y solo en el camino, estaba herido por una bala, lo lamento por lo de hoy- dije cogiendo sus manos y mirándolo.
- No te preocupes, primero es él y yo hubiese hecho lo mismo. Qué gran persona eres- dijo gran admiración hacia mi persona. Solo mostraba lo que quería supuestamente ser. Aparentando ser la oveja blanca, así es él o bueno nunca lo llegué a conocer por completo.
- Gracias, por comprender y esa guitarra- pregunté al verlo con su estuche de la guitarra en los brazos.
- Am, era una sorpresa, más tarde te toco algo- dijo sonriéndome y acariciándome el rostro con delicadeza.
Dos horas después...
- Algún familiar del Joven Austin- dijo un doctor de unos 45 años de edad.
- No hay nadie sus papás viven en Ghen, pero acá estoy yo su amiga- me paré al escuchar el nombre de él.
- El joven está mucho mejor, tenía una bala en la pierna, por lo que fue operado de urgencia por la gravedad y profundidad de la bala, necesitará reposo y cuidados- me informó el doctor.
- Yo lo cuidaré y haré todo lo que usted me diga- dije mientras veía que Peter no tenía ningún inconveniente de que lo haga.
- Está bien, puede pasar el joven se encuentra descansado - nos dio el permiso de poder estar con él a Peter y a mí.
- Gracias- le sonreí al doctor y jalé a Peter donde era la habitación número 20.
Él estaba allí recostado en esa cama de un hospital, entramos sigilosamente para no despertarlo, parecía un bebé y se veía más que perfecto con sus manos encima de su cuerpo y entrecruzadas.
- ¡Sh!-le dije a Peter, había movido algunas cosas y Austin se había levantado.
- Ya, disculpa- dijo en susurro y sentándose en unos de los sofás de la habitación.
- Hazme un favor, compra unos globos, aquí cerca hay una tienda, préstame solo uno centavos por favor- dije sin mirarlo y observando con mucha preocupación dentro mío a Austin.
- ¿Y eso?- preguntó con un poco de recelo en el tono.
- No quiero que despierte y vea que no tiene a nadie, porque sí lo tiene, aquí estoy yo Austin- me acerqué y lo vi tan cerca, realmente estaba solo o es lo que yo sentía.
- ¡Genial!, ahora vengo- dijo Peter dejando su guitarra a un lado.
Al rato, vino Peter con unos bonitos globos con un sol sonriendo y frases alentadoras, se tuvo que ir porque en su hogar nadie sabía que estaba allí y aparte tenía que estar con su papá que estaba delicado de salud. No me enojé y le dije que lo haga y cuide mucho a su papá, me quedé muchas horas más, en realidad me quedé todo el día ya era la noche y el seguía durmiendo hasta que despertó y se sorprendió al verme dormida en el sofá.
Flavia estaba recostada en el sofá durmiendo, mientras la doctora inyectaba algunas cosas a mi brazo, me puso algodón y me lo cerró nuevamente. La doctora vio mis ojos hacia dónde iban.
- Tu enamorada está desde la mañana acá. No se ha querido mover.
- Gracias por el dato- un alivio maravilloso al sentir la preocupación de ella por mí. Puta la quiero demasiado, puta la amo.
La quedé mirando por largo rato, o sea ella estaba ahí, ella había hecho esto por mí y no me había dejado solo como todos lo hacen. Estaba recostada y tapada, seguramente alguien lo había hecho y boom abrió sus grandes ojos, uno por uno y me regaló la más bellas sonrisas.
- ¿Mejor?- preguntó al despertarse y lo miré con gran ternura.
- Si estás tú aquí como no serlo- me sonrió y a pesar de estar mal y adolorido seguía teniendo esa sonrisa que me iluminaba cada vez que lo veía sonreír.
- Me preocupaste- dije sacándome la cobija de mi cuerpo y levantándome hacia él.
- Bueno, disculpa solo que iba en el lugar y en la hora incorrecta, pero a pesar de todo tiene algo bueno todo esto- rió colocándose colorado.
- ¿Qué?-sonreí y me senté a su lado.
- Que tú estas acá, conmigo- dijo mientras cogía mi cabeza e hizo un leve movimiento bajándome mi frente hasta la altura de sus labios y me dio un beso en mi frente, fue un momento precioso con los globos alrededor, él y yo, ese beso en la frente y las sonrisas después de todo, él sonreía y la razón fui yo, él estaba bien y la razón fui yo, amo verlo sonreír y si pudiera, tan solo pudiera ayudarlo, porque desde aquí puedo observar un corte en su brazo, lo haría y lo haré así medio mundo lo deje, yo lo estaré para él.
- Este, ¿interrumpo?- entró de la nada Peter, sin ser visto, sin ser escuchado tan concentrada habré estado en los ojos de Austin, tan clavada- pensé.
- Am, no, no- dije parándome rápidamente.
- Traje mi guitarra- me cambió de tema mirando todavía a Austin, no sé si de mala manera, pero su mirada era muy extraña.
- ¿Qué me vas a tocar?- pregunté acercándome a él y viendo la posición de las manos y dedos sobre las cuerdas.
- Es un sonido que pues te la iba a tocar en el parque y me relaja, a ver escúchala- dijo mientras empezaba a tocar esa dulce melodía que me quedé atónita y fascinada. Austin, también se nos quedó viendo ya que Peter y yo nos habíamos sentado en el sofá y él nos veía.
Recuerdo que dolía, verlos juntos dolía, ver como el tocaba una melodía tan sentimental y profunda que te tocaba el corazón, vi que a ella le encantó y la sentía. Cerró sus ojos por completo y comenzó a vivir la música.
Vi a mi Flavia con los ojos cerrados, sintiendo la canción y yo también, esa melodía era para ella, era para unir, bueno en realidad la había creado con la intención de que esa canción le fascinara y le tocara en lo más dulce de su corazón, noté que Austin la contemplaba a ella y un brillo en sus ojos delató que él también estaba enamorado y lo podía saber con tan solo ver sus ojos encima de ella.
- Me encantó- dije muy fascinada y maravillada por la melodía escuchada que me había tocado tanto que me imaginé a Austin tocándola.
- Muy buena- intervino Austin luego que yo hablé.
- Gracias- le respondió Peter dándole una grata sonrisa a Austin.
- Bueno, es demasiado tarde, no sé cómo he podido meterme a la habitación, sugiero que vayamos a dormir-sugirió Peter.
- Sí, tú descansa Austin, nosotros dormiremos aquí, te estaré cuidando- dije acomodándome a lado de Peter y tapándonos el cuerpo.
- Ok- respondió algo frío y nos dio la espalda mirando el lado de la ventana de su habitación.
Me había volteado para que ya no me doliera verla a lado de él, tan cerca a su cuerpo y aunque el corazón se me partía cada vez que la veía sonreír y ese extraño brillo que tenía cuando lo veía, sabía que no podía hacer nada, ella era feliz y yo lo debería estar. Mi Flavia, te amo desde aquella vez que te vi, siempre te he mirado.
CAPÍTULO 8: Recuerdo que dolía, mirarla con él, me dolía.
Con los ojos cerrados y con un sueño de una muchacha de cabello marrones, se despertó Sebastián por los gritos de su mejor amiga. No lograba saber quién era la jovencita del sueño y qué había soñado.
- Sebastián, Sebastián, ¡Levántate!- dijo Amil, destapando a su mejor amigo. Sebastián no quería moverse de la cama, seguía recio y terco.
- ¡No! ¡Un ratito más!- se tapó otra vez con las frazadas. Ella fue abrir las cortinas de la cueva de Sebastián. Su cueva llena de desperdicios y cosas esparcidas.
- Ya es hora de levantarse, prometiste que irías al instituto- reclamó Amil, sentándose en el filo de su cama.
- ¡Yo no voy a ir a estudiar a ese lugar! ¡Y se lo dije a todos!- se destapó Sebastián, aclarando su posición con un rostro frívola y cansado de que todos quieran decidir por él.
- No puedes estar así siempre- aconsejó Amil- Así Camil...
- No te atrevas a decirlo- amenazó Sebastián recostado en su cama con el cuerpo descubierto y ella se intimidó. Sebastián daba una imagen de chico malo y claro que lo era.
- Soy tu mejor amiga y yo digo lo que se me pegue la gana- reputó Amil con furia y mirándolo muy mal.
- ¡Dios santo! Solo por eso, sino ya te hubiera mandado muy lejos- se levantó Sebastián de la cama. Se puso unas sandalias, tenía los cabellos negros levantados y alborotados.
- ¿Irás al instituto?- sonrió ella al ver que se levantó, al fin algo bueno estaba haciendo por su amigo que tenía una vida un poco extraña.
- Iré- respondió él, y Amil se alegró por qué al fin su amigo volvería a estudiar, pero siempre él tenía un plan B, siempre tan ocurrente- A dejarte- la ilusionó un rato y luego rompió su entusiasmo.
Así es Sebastián. No el típico de chico bueno, no el típico chico malo, solo Sebastián.
- Siempre me desilusionas, pesado- lo golpeó en el pecho- Igual cámbiate, no estarás todo el día con eso.
- ¿Quieres verme como me cambio? Digo, ¿no?- preguntó él, como diciendo vete o quieres ganarte conmigo. Se alzó el polo a medias dejando ver sus abdominales bien marcados.
- Sebastián, Sebastián, siempre tan grosero- respondió ella, se levantó y caminó hacia la puerta.
- Y egoísta, ¡No lo olvides!- le guiño el ojo y solo le dio una sonrisa a media a él cerrando la puerta de la habitación. Caminó hasta la ventana y pensó en la joven qué aparecía seguido en sus sueños- ¿Quién eres?-pensó.
RECUERDOS
Cuando ella ingresó al instituto me había impactado lo tímida que era con todos, miré cada detalle de ella, como caminaba, como sonreía tapándose la sonrisa con sus manos y que cuando la miraba, veía sus cosas de su mochila, lo más curioso es que es tan bonita que tenía un libro en las manos y eso la hacía mucho más hermosa, no era parecida a las demás, se vestía bien, pero tenía algo diferente, ese algo que me llamó la atención.
Cuando me gusta una niña, la observo y veo por qué me gusta, luego la contempló sin que ella se dé cuenta y luego aparezco de la nada. Ese día de suerte la salvé, había visto de lejos que la habían lanzado a la piscina y cuando vi que no salía, fui corriendo y antes de lanzarme a socorrerla, lancé un puño en el rostro de Adrián, el cual tenía un libro en la mano y se lo quité, ellos juraron venganza al final se fueron corriendo como las gallinas que son. No lo pensé dos veces y me tiré la vi ya con los ojos casi cerrados como si se hubiese rendido, la agarré y la subí a la superficie y vi sus enormes ojos marrones.
A la hora de salir de la piscina, le devolví su libro de las sirenas y empezamos hablar sobre ellas, damos puntos diferentes, aunque a pesar de todo había logrado hacerla sonreír, sin darnos cuenta las horas habían volado y tuve que irse corriendo, dándome un beso en la mejilla de agradecimiento. Aquel beso quedo marcado como un sello de que tendría que volverla a ver y sentir nuevamente un beso proveniente de sus pequeños labios rojos.
Subimos a mi carro para dejar a Amil "La Gringa" hacia su instituto.
Realmente, yo también estaba matriculado le llevaba un año más, pero ese semestre no quise estudiar por cuestiones personales, digo amorosas, corrijo personales, nada importante.
Y ahí andábamos escuchando música como locos con el volumen más alto y cantando, había tráfico y a través del retrovisor del auto nuevamente la vi. Sabía qué era el amor, porque el amor tenía su rostro.
Salía de un hospital ayudando a un tipo a subir al taxi y con un chico más que los miraba con recelo. Yo, solo me quedé observándola desde ese punto y el semáforo cambio a verde, tan concentrado estuve que el clac-son de los autos me despertó de ese sueño y no era eso, era realidad.
- Sebas...- era la tercera vez que Amil me pasaba la voz- ¿Qué pasa?- me preguntó al verme fijo en el espejo del auto.
- Nada, me distraje- respondí y aceleré el auto viendo por última vez su perfil y ahí se formó mi sonrisa.
NARRA FLAVIA:
Han pasado días desde que estuvo internado Austin y en aquellos días, lo fui a cuidar con gran dedicación y no es una obligación hacerlo, es porque yo quiero y siento que así estamos mucho más cerca.
PRIMER DÍA: DOMINGO
Lo visité a su casa con la compañía de Peter y los tres nos pusimos a ver una película desde la cama de Austin. Peter, se quedó dormido en la mitad de la película, se sentía cansado ya que cuida a su papá casi todo el día. Entonces, cuando se él se durmió Austin y yo estábamos muy concentrado en la película de un momento a otro me lanzó cancha en el rostro y así fue sucesivamente que a Peter le cayó una en el ojo y se levantó, fue muy gracioso.
SEGUNDO DÍA: LUNES
No fui a clases por cuidar a Austin, quería que lo ayudara a trasladarse hasta el sofá de su sala y así lo hice. Peter, me llamaba a cada hora pues estaba aburrido y sin mi más, que tierno. Peter, conversó con Austin de cómo estaba y cosas así, me sorprendió la actitud que tuvo Peter. Cociné y le di en la boca porque el niño no quería comer, decía que se me había quemado igual se lo comió todo y me fui dejándolo nuevamente en su habitación, le dejé una muletas por si deseaba ir al baño, etc.
Un mes después...
Así han transcurrido muchos días desde aquel accidente casi un mes, donde he faltado a clases muchas veces y también he asistido, a la vez aprendida y le pasaba los apuntes a Austin para que no se quede atrás. Me daba risa cuando lo veía romper las hojas al no salirle un ejercicio, ya caminaba mejor aunque a veces le dolía su pierna y tenía que frotarle.
Hoy, en estos momentos estoy sentada con Peter riéndonos del rostro de la profesora de Turismo se ha pintado mal y tiene delineador en su rostro. Austin, está al lado de Melany y lo veo tranquilo, mejor y aún lo observo. El miércoles pasado vi como ellos dos subían juntos, me doy cuenta de su presencia por el color azul de su mochila, han estado más cerca que nunca y no sé si es bueno para mí, aunque ya me había gustado pasar tiempo con él.
- Amiga, me siento feliz- dijo Melany acercándose de la nada, nunca habíamos compartido nada y quizás sea hora de tener una amiga.
- ¿Tanto? ¿Y por qué?- pregunté sin sospechar de lo que me diría.
- Creo que a Austin le gusto, hemos pasado muchas cosas sean fuera o dentro del instituto y me agrada estar con él, a parte siento que le hago bien- dijo de muy buena onda y con la sonrisa de oreja a oreja
- Pero, ¿Él te ha dicho algo al respecto? O sea, por lo que pasan tiempo juntos- dije mientras caminaba a comprarme un café y buscando a Peter
- Uhm, no. Yo sé que le gusto ese día me escribió en mi celular, que linda eres con un corazón y me emocioné- rió, desde lejos se notaba la ilusión por Austin el niño de ojos verdes.
- Bueno, vayan poco a poco y no apresures las cosas, ¿Está bien?- le aconsejé con toda la mejor vibras, hasta que vi a Peter con su grupo de amigos.
- Dale, gracias por escucharme- se despidió fugazmente y se fue al salón, faltaba poco para entrar a clases nuevamente.
- ¿Y tú dónde estabas?- me acerqué al grupo y había una chica muy bonita, blanca como la nieve, gringa y ojos color miel, claros, demasiado claros, sentí celos de que estuviera a lado de Peter. Su nombre es Amil. Llevaba un vestido blanco con unos estampados de flores rosados de tono bajo.
- Bonita, ya iba a ir aunque te vi conversando con Melany y no quise interrumpirte- dijo esto mientras me despeinaba y todos estaban callados, había llegado en un momento inoportuno.
- Bueno, nos vemos en clases-dije al notar el silencio que había ocasionado.
- No, no. Te voy a presentar, Flavia él es Pablo, Mateo, Rodrigo, Fabricio y por último Amil- me señalo uno por uno. Bueno, yo ya conocía a Pablo porque fui a su fiesta, Mateo lo había visto unas cuantas veces y me daba igual, Rodrigo era un creído pues tenía mucho dinero, Fabricio fue el más humilde y buena onda, Amil una odiosa que miró a Austin al pasar y él también la quedó viendo, casi provoca que se choque con otra persona.
Me sentí muy celosa, ella no debía mirarlo y tampoco él debía mirarla. Pensé que era demasiado egoísta el hecho de pensar así y reaccioné de ese mal pensamiento. Me gustaba las cosas buenas, no las incorrectas, tipo Austin.
- Vamos, ¿bonita?- me dijo Peter al escuchar el timbre ya había culminado el break. La chica de cabellos hermosos se despidió de todos nosotros antes de irme y empezó a bajar como una princesa las escaleras con sumo cuidado, algunos silbaban, otros la quedaban viendo maravillados de ese rostro y otros hablaban entre ellos sobre la belleza natural de Amil.
Vi que Austin se asomó desde el segundo piso para verla bajar. No sé si lo hizo para sacarme celos, pero si fue así, lo logró.
- Sí- dije mientras caminábamos de la mano juntos hasta el salón. Y me moría por dentro cada vez más y más.
Me asomé viendo a la chica que hace unos minutos me había robado la mirada.
Creo que antes ya la había visto, sino me equivoco se llama Amil. Todavía estoy dudando, no sé si es. Pero, si fuera o no, me encantaría hablar con ella o al menos conocerla. Luego, me recosté rompí una hoja y empecé a dibujar su rostro. El amor tenía su rostro. Ella volvió a subir y dejó un riquísimo aroma de su perfume, sus cabellos bailaban en el aire y su vestido también, sus piernas derechas sin salirse de la línea, estaba natural. Me gustó a primera vista. Y la hoja se voló de mis piernas, cayendo en el camino donde ella iba a pasar. Era como si todo estuviera planeado para nuestro primer encuentro de miradas.
- ¿Esto es tuyo, verdad?- alzó mi hoja pintada con su rostro. Solo desee con el alma que no se dé cuenta que la había graficado- Dibujas muy bien- mencionó al ver que me quedé callado, mi mente no pensaba, ni reaccionaba.
Una chica como ella hablándole a un chico como yo, ¡Vaya locura!
- Sí, es mío- dije cogiendo la hoja y arrugándola. Y me rasqué la cabeza de tensión. Ella alzó una ceja y no desvió sus ojos mieles de mis ojos verdes.
Parecía miss mundo.
- Bueno, me voy a clases, chico tímido- se despidió con la mano y yo también hice lo mismo. Qué estúpido para no seguir la conversación, pero qué podía decir ante tanta belleza- A ver si otro día de estos, me vuelves a dibujar- gritó cuando yo estaba yéndome a los servicios. Ella sonrió desde lejos y yo sonreí a espaldas de ella, sin que vea que me hizo reír. Mierda se dio cuenta del dibujo.
LA INFORMACIÓN
Hemos estado buscando por todos lados, pistas y más pistas. El día del hecho donde mi jefe perdió a su familia, fue dónde se volvió lo que es. Es decir, si andábamos en malos pasos, robábamos a nuestros padres, y tuve que secuestrar a gente con tal de tener dinero para vivir. No soy una buena persona, yo lo sé. Fue a raíz de que perdí a mamá cuando nací y Paolo no hizo nada, lo odié. ¿Por qué yo debí vivir y mamá no? Ahora tengo 18 años, dónde nunca la conocí y ella se sacrificó por mí, tomó esa decisión por salvar a la criatura dentro de su vientre. Y papá, no hizo nada, él dijo que mamá le suplicó que la dejara irse y yo venga al mundo porque sentía que iba a ser una gran persona y mira lo que soy. No soy el típico chico bueno de una historia, váyanse acostumbrando.
- Tú debiste ser más egoísta y pensar en ti, no importaba lo que ella podía decidir, tú estabas ahí- le grité dejando el plato en la mesa y retirándome. Cada almuerzo salía el tema de mamá, no lo superaba por completo, menos superaba la relación que terminé con Camil.
- Tu mamá lo quiso así, no pude tomar decisiones por ella, no era justo- gritó Paolo parándose de la mesa.
- Pero dejaste que ella decida y mira ahora está muerta- se acercó a su padre en forma amenazante y luego lo miró de pies a cabeza sintiendo pena por él.
Subí a mi cuarto botando lágrimas por los pasillos y cerré muy fuerte la puerta. Me quedé un momento parado y observé el folder dónde mamá escribía sus pensamientos, siempre me hacía bien leer uno de sus fragmentos.
Dios, Dios. Dame fuerzas para que esta criatura hermosa sobreviva, me he sentido mal en estos últimos meses y Paolo, el gran amor de mi vida, me cuida, me engríe y cuando me hago la dormida, lo veo llorar ya que hace una semana el doctor nos informó que estaba en peligro mi vida y la de mi niño. Y yo ya he tomado una decisión mientras leía un libro dónde relata que el verdadero amor es el sacrificio hacia una persona. Y esta pequeña personita, no es cualquier cosa, es mi hijo. No he pensado en su nombre todavía, tengo muchos en mente. Por ejemplo, Mateo, Bruno, Agustín y Sebastián. El último nombre lo leí en el libro que mencioné hace unos instantes. Era un príncipe hermoso donde encontraba a su doncella, el cual vivió días tormentosos, pero al hallarla en su vida dio un giro de 360 grados y lo hizo una mejor persona, cosa que él pensaba que no era, al final el príncipe dice que los monstruos también tienen corazón y se enamoran, por ello decide sacrificar su vida por la de ella, dejando una marca en sus últimos días, que era el verdadero amor y el sacrificio, pues gracias a ella conoció ese concepto, el amor.
Mi bebé es un príncipe, aunque yo no esté acá le dejaré miles de cartas con la esperanza que él lo lea y sienta que estoy ahí justo a su lado.
Mi niño... te amo.
Lo leí con el alma destrozada, con ganas de gritar en llantos y no podía arrugar sus palabras, no las de mi madre, nunca. Suspiré, de esos suspiros largos y sinceros, solo viniendo en mi mente su rostro en fotos.
Sonó mis mensajes de la laptop, dejando a lado las cartas de mamá y guardándolas dentro del folder otra vez. Me acerqué para saber que era, mi compañero encontró pistas e información valiosa.
Sebastián, maricón, ya supe quiénes lo hicieron y quién mando. Así que prepárate porque los KB vuelven al ataque y una gran rebelión está por llegar.
Hoy nos quieren ver, a las 3:00 pm.
Miré el reloj y solo faltaba una hora exactamente para la cita, así que preparé todo, a darme una ducha para perder toda esta tristeza, colocarme un rostro y una sonrisa y ser yo otra vez ser Sebastián.
SUEÑO
Nos sentamos en asientos separados el profesor de teoría nos había asignado en diferentes lugares y casualmente me senté con Austin, se había quedado dormido en la clase, me pareció raro que Melany se halla ido atrás y no esté sentado con él. Transcurrió media hora y yo también caí en los brazos de Morfeo, al parecer Austin me había contagiado el sueño.
Soñé que entraba por la puerta del salón .Y vi a Austin mientras se acercaba se le colocaba una sonrisa en el rostro y aparecí dentro del sueño, se colocó frente a frente a mí y me miraba, yo a través de sus ojos pude observar ese brillo de estar ilusionada y enamorada de él. Pero, cuando Austin se fue acercando para besarme, yo me retuve y me fui corriendo.
- Flavia, no te vayas por favor- dijo Austin. Paré en seco mi corrida.
Ella, solo volteó y sonrió al saber que la quería con él, se acercó a grandes pasos y, Austin inspiró el momento y Flavia, ya no era Flavia sino Amil frente a Austin. Y en el sueño de Flavia, Austin, ya no era Austin, sino otro muchacho de ojos pardos.
- Te amo- dijo el chico misterioso con todo su ser. Llevaba una casa de cuero, una pista.
Y en el sueño de Austin, Amil le dijo: "Y llegará una persona que te cambiará la vida"
- Yo también te amo- fue allí que apareció el chico al cual manché de café. Lo reconocí.
Desperté sudando en frío y Austin al mismo tiempo que yo, qué extraño.
Habíamos soñado lo mismo, donde estábamos juntos y luego a cada uno le apareció una persona diferente.
- Hola- me saludó con la voz muy baja y levantó la vista. Pensó en lo que había pasado en sus sueños.
- Hola- seguía tonta por el sueño que había tenido.
- ¿Qué haces acá?- siguió hablando bajo y limpiándose la vista para poder despertar completamente.
- El profesor me cambió, si quieres me voy- dije viendo su reacción al verme.
- No, quédate. Solo estoy confundido, no sé- dijo sacudiendo su cabeza.
- Sí, me siento impactada y extraña- lo quedé mirando mientras el profesor nos miraba.
- Disculpe- dijimos a una sola voz.
- Puedes retirarse todos a sus casas- ordenó el profesor.
- Bueno, me voy con Melany. Cuídate, te...- dijo sin terminar, Peter vino y me dio un beso en los labios
- ...- Me sentí incomodo al verla besarse con él, ¿Qué podía hacer? Solo irme, estoy intentando alejarme de ella, pero por qué el sueño. Estaba soñando con ella y apareció la chica del dibujo no entiendo nada, me iré y solo diré hasta luego, seguro ni me escucha.
- Hasta luego- solo escuché mientras arrastraba su maleta por el aula y Melany lo espera fuera del salón y le cargaba la mochila.
- ¿Por qué hiciste eso?- dije al terminar de besarlo.
- ¿Qué no puedo?-me preguntó enojándose por mi pregunta.
- Pues, no y menos en frente de él- le reproché, o sea estaba mal que dañe a Austin y más en su cara, a parte quizás Peter lo había hecho con alguna intención.
- Perdón, señorita que no quiere que su amigo nos vea besarnos- dijo golpeando la carpeta y yéndose, dejándome sola en el salón.
- Austin, no era lo que quería decir- dije y reaccioné al instante le había cambiado el nombre a Peter, ay dios mío estoy peor que nunca, cometí ese error como había sido reciente lo de Austin y el sueño, me había confundido- digo, Peter lo siento, no te vayas- dije rápidamente para que no se diera cuenta
- ¿Me dijiste Austin? Mi nombre señorita es Peter Walls y si desea hablar con el joven Austin puede mandarle un mensaje por Facebook o llamarlo. Hasta luego señorita de la torre- dijo más amargo que nunca se le notaba tenía el puño cerrado como si quisiera reventar todo lo que se le pusiera en frente.
- Peter, no- grité y él se iba, bajó rápidamente las escaleras y salió corriendo del instituto, no llegué a alcanzarlo.
Me fui sola a casa, quise caminar un momento para poder despejar la mente y todos aquellos pensamientos que navegan en mí. Recordé la primera vez que vi a Peter, recuerdo que me sonrió tan dulcemente que me pareció uno de los más amables sin haberlo tratado, recuerdo que esa sonrisa que me enamora me la regalo en la fiesta de Pablo, recuerdo todas las broncas que hemos pasado en el instituto los dos juntos y las cosas graciosas también. ¿En cambio de Austin que recuerdo? Absolutamente todo, cuando me salvó de Adrián y sus amigos, cuando ese mismo día conversamos tanto que se nos pasó el tiempo y sentí su piel ya que le di un beso en la mejilla en forma de agradecimiento, recuerdo que vino hasta acá por mí y me tapo los ojos había sido impresionante todo lo que había hecho por mí, lo que había soportado cuando acepté la invitación de Benjamín cuando había quedado con él, soportó cuando me vio besándome con Benjamín y ahora con Peter, sigue soportando que sea feliz y sé que en fondo le alegra de corazón, pero le duele en el alma, él no me lo dirá, pero lo sé es algo que lo presiento, cuando vino borracho y me dijo: "siempre te he amado", sus cortes, los cuidados que le di, sus celos y aquel beso que quedó en el baúl de los recuerdos, ese momento que nunca pasó y nunca pasará, te... quiero? No lo sé, pero agradezco lo que aquel niño me enseña Estoy confundida, ¿será sólo amistad?, ¿sólo un amigo?, ¿podría ser algo más?, no lo sé, pero de lo que sí estoy segura es que siempre que escuche su nombre, surgirá una sonrisa en mi rostro.
Llegué a casa, tirando la mochila al piso y calentándome la comida dejada por mamá y vi una nota pegada en la refrigeradora que decía: Hija, fui a una reunión de amigas volveré un poco tarde, cuídate y te dejé lista tu comida, te amo.
Me senté en el comedor a cenar, mamá cocinaba muy rico y me había dejado un jugo preparado, que linda. Terminé y empecé a ver televisor, no había nada entretenido, todo era basura así que lo apagué, así como las luces y me fui a mi habitación. Vi que la laptop estaba encima de la mesa de noche y la cogí, era un momento de distraerme un rato, hasta que el vi el punto verde de Peter, esperé unos minutos para ver si me hablaba y no lo hacía seguía enojado, que tonta fui al cambiarle el nombre. Han pasado casi una hora y no se digna en hablarme, que orgullo y el mío más, no les ha pasado que su platónico o el gran amor de su vida, está detrás de una pantalla y ni siquiera se digna en hablarte. En este caso, yo tengo la culpa. Pero, soy mujer y obviamente yo no debo dar el siguiente paso, hoy lo haré, hoy dejaré todo en un rincón y escribiré...
- Hola-mandé mi mensaje por chat, no cerré la ventana y esperé a leer te está escribiendo, se demoró diez minutos y me hizo enojar.
- Hola, ¿Qué pasó?- me envió como si todo estuviese normal.
- Dime tú, te demoraste más de diez minutos, ¿Hablas con alguien?-envíe muy furiosa, quería lanzar la pantalla por la ventana
- Sí, con Amil y tú? :) -me envió con cara feliz todavía, ay no este quiere que lo mate.
- Aya, te dejo hablando con ella c: - envié carita de sarcasmo como insinuando me molesta que me digas esto, pero todos los hombres son tontos o se hacen.
- Es lo mejor que puedes hacer, chau- envió y me dejó estúpida, o sea ¿no quería que le hable? Perfecto.
- Visto a las 22:22- así quedó el chat, no le volví hablar ni responder lo último empecé a golpear las teclas de la laptop y me fijé en sus estados en uno tenía (: y luego akjsjakd con corazón. Me fui destrozada a la cama, lloré muy poco, no valía, yo había tenido la culpa y lo acepto pero, ¿Qué me trate de esa manera? No era justo.
CAPÍTULO 9
Y los sueños son realidad
MARÍA REGRESA A MOA
- Hijo- entró con muchas maletas a la casa- Hola, mi amor- le dio un beso a Paolo, su esposo.
- María, te hemos extrañado- exclamó Sebastián, saludando con un beso a su segunda madre como decía él, le tenía gran afecto.
- Y yo a ustedes, espero que no hayan discutido- fue como si lo supiera y hubo un silencio entre ellos- ¿Todo bien?
- No, Paolo me obliga a que vaya al instituto y no entiende que yo ya decidí en estar sin hacer nada- contestó Sebastián dejando las maletas de María a un lado.
- Si este semestre no quieres estudiar, está bien. Prométeme que el próximo vas a querer, si hijito- lo acarició a Sebastián, era su hijo, su motor, como si fuera de su propia sangre.
- María, no hagas eso- intervino Paolo.
- Ves a lo que me voy, quiere que haga lo que él quiere, ya decidí páp... Paolo- dijo Sebastián de manera déspota.
- Mamá- venía gritando Fabiola.
- Fabiola, mi chica hermosa- decía María cargando a su chica de trece años
.
- No quiero que se vuelva a tocar ese tema de las decisiones, cada uno elige lo que quiere y aquí acaba, vayamos a por unos helados, yo invito- se ofreció María con las ganas de mundo de tener un día en familia, aunque esa no era su familia.
- Salgan ustedes, tengo asuntos por resolver- cogió una chompa color crema y se salió de la casa en dirección al encuentro con los demás.
ALIADOS
Somos amigos, siempre lo hemos sido desde pequeños. Benjamín, es ese hermano que nunca he tenido y el cual ha estado justo cuando lo necesitaba desde niños ha sido así y no puedo fallarle.
- ¿Crees que sospeche sobre nosotros?-preguntó Benjamín a Peter.
- ¿Sobre? Si te refieres a nuestra amistad, no, ni se lo imagina- contestó Peter muy tranquilo.
- Has actuado muy bien, te felicito- dijo Benjamín- Aunque al decirle que me beso con todas, sobrepasaste, en fin. No sé qué no vio en mí, tuve que salir de aquí por los asuntos que tenemos en Argentina y tú la enamoras, ¡Qué buen amigos eh!- dijo sarcástico, Benjamín en realidad no lo consideraba amigo a nadie, para él todos eran sus esclavos. Desconfiaba hasta de él mismo.
- Un poco. ¿Y ahora cuál es el siguiente paso?- tomo asiento Peter.
- Sinceramente, estoy en nada, no he planeado mucho. Ese tal Austin, ¿Qué es para ella?
- ¿Austin? Siento que los dos se atraen y es fuerte ese sentimiento. Sin embargo, está conmigo.
- Yo también lo he notado. Cuando teníamos una relación decía que no pasaba absolutamente nada, pero cuando lo veía tan solo pasar sus nervios la delataban y era un fastidio terrible, más cuando chocaban sus miradas y coincidían, me daban ganas de eliminarlo de este mundo.
- ¿Y por qué no?-alzó una ceja Peter.
- ¿Eliminarlo?- preguntó, ya era un juego mucho más avanzado.
- Sí, antes ya lo has hecho, no sería la primera-respondió Peter como si asesinar a alguien fuera algo común.
- Solo a Fabricio no asesiné, pero este tal Austin no tendrá la misma suerte- culminó su conversación con Peter y chocaron sus vasos de licor, el juramento estaba hecho.
En la guarida de Damián...
- Toma- lanzó papeles acumulados y fotos encima de la mesa. Mi compañero había hecho todo el trabajo y yo no. Era como cuando no enseñas tu trabajo o llegas tarde a un lugar sabes que existe una autoridad que te va reclamar así me sentí.
- ¿Y tú?- me preguntó Damián cogiendo las fotos y el sobre. Mientras pensaba en que decirle, sacó la información y leía silenciosamente-Te escucho- alzó la vista y bajo los papeles a la altura de sus hombros.
- No tengo nada para darte- respondió Sebastián, quizás sintiendo que lo pasaría por alto.
- ¿Cómo?- dejo los papeles otra vez en la mesa- Mira, imbécil cuando yo ordeno algo, ese algo se cumple en el plazo establecido, ¿entiendes?- lo cogió por ambos brazos, sacudiéndolo y Sebastián se soltó bruscamente.
Damián, demostraba ser un chico rudo y testarudo, también malo, solo necesitaba tener gente a su lado para no recordar la muerte de su familia completa. Solo buscaba venganza porque el corazón estaba de hielo, pensaba con la cabeza.
- No es para tanto, en todo estos años que voy no te he fallado jamás. Solo hoy, lo siento- le reproché su manera de tratarme.
- Que no se vuelva a repetir Sebastián. No tengo miedo en darte un disparo justo ahora, solo lo hago y ya, lo sabes- advirtió Damián- Bueno, como leo, el causante de todo esto fue un tan Fernando de la Torre y tiene una hija. Es un gran empresario nacional y en el exterior, mucha influencia y acaba de mudarse. ¡Wao! Su hija estudia en Santo Thomas- en esa última parte miró a Sebastián ya que él también solía estar ahí.
- ¿Qué debo hacer?- pregunté ni más ni menos, tenía que recompensar lo que no hice y me informó era algo tan simple lo que debía hacer, así que acepté.
- Enamorarla y luego te deshaces de ella, ¿simple, no?
- No puedo hacer eso, no puedo fingir estar enamorado de alguien. Ni siquiera la conozco- respondió Sebastián, ni se imaginaba que la chica que debía enamorar y luego hacer daño era la jovencita que se le tiró casualmente café encima de él.
- Ya la conocerás. Solo prométeme que lo harás- dijo Damián- Es una apuesta, tú lo logras, yo te dejo libre. No más secuestros, no más robos, no más amenazas. Solo quiero que la destruyas, ella pagará por todo. Entonces...¿Apostamos?
- Será como quitarle un dulce a un bebé. Apostamos- se dieron un puño con las manos y se rieron viéndose a los ojos.
Tenía que conseguir su libertad cueste lo que cueste. El que se enamora pierde.
¡OTRA VEZ TÚ!
Cuando me dormí, me sumergí en mi barco velero como decía mamá, en el sueño aparecí nuevamente en el instituto, no había nadie y estaba por los pasillos de los salones, recuerdo que miraba a un lado y al otro no sé qué buscaba con tanta desesperación, hasta que lo reconocí, esa melodía que me había dejado atontada y me había llenado el alma, la canción de Peter.
Buscaba por los pasillos, abría cada puerta y no había nadie, pero la melodía seguía y me atrapaba más que nunca, se me había quedado penetrado en el corazón, aunque esa melodía tenía algo diferente, ese algo que me llevaba a hallarlo, ese algo que me gustaba, hasta que entré a la puerta correcta y cuando quise fijarme quien era, mamá me levantó.
- Hija, levántate. Es un poco tarde, el desayuno ya está listo- me levantó y empezó a sacarme las sabanas del cuerpo, también abrió las cortinas y los rayos del sol me dieron directamente en el rostro.
- No voy a ir, hoy día. No tengo ganas- grité tapándome entre las sábanas, no quería levantarme tenía sueño y ganas de quedarme en cama para no ver las caras de ellos dos.
- ¿Por qué?-me preguntó sentando en mi cama y moviéndome.
- Mamá, tengo dividido el corazón- me saqué las sabanas del rostro y la abracé con tanta fuerza que me hizo bien.
- Cuéntame, mi amor- dijo secándome mis lágrimas que caían, aquellas lágrimas que había derramado por Peter.
- Por un lado esta Peter, que lo conocí al viajar acá, hemos pasado de todo incluso cuando nos hemos portado mal con los profesores, siempre hemos sacado cosas buenas de ahí, por ejemplo estar juntos y compartir muchos momentos, cuando él está sintiendo que estoy completa, pero cuando no me siento vacía sin ganas, como ahora. Él hace mis días diferentes pues me hace reír con sus tonterías y ocurrencias, se molesta e intenta ponerse serio cuando le hablo para demostrar su orgullo y me parece no sé, encantador. Me encanta cuando me molesta en el salón o me interrumpe, pero odio cuando se va, me ignora o lo veo conversando con otra.
Y por el otro está Austin..., si lo conoces lo has visto y con el siento que podría quedarme para toda la vida, le da color sentido, una razón por la cual levantarme porque sé que aunque el este al otro extremo, piensa en mí con la misma intensidad que lo hago yo, me encanta ver como sonríe y que esté feliz, amo verlo con otra persona y que se sienta bien, aunque cuando lo veo desde lejos reír y no es por mí, siento una punzada, amo cuando caminamos por los pasillos así sea lo más mínimo, amo oler ese perfume y lo que más amo son sus ojos verdes, me contradigo quizás, pero es así...- dije sin terminar de hablar.
- Es así como se ama- finalizó mamá, tanta razón tenía y es un gran momento que lo guardaré en mi diario, estoy empezando nuevamente a escribir todo y esto definitivamente va.
- Hija, no debo decirte esto, pero el día que llevaste a Austin en la casa de Ghen tuvimos una conversación. Tú todavía no llegabas y él te estaba esperando, me di cuenta que te amaba cuando se le colocaba un brillo, no uno común como lo hacen los demás, ya que ese brillo lo vi en mí a su edad de ustedes y a ti también lo vi, al verlo sentado y de cómo sus miradas chocaron, que sentí que eran el uno para el otro. Bueno, en lo que seguía, él estaba ahí y cada vez que lo molestaba contigo, pues sospechaba de sus intenciones contigo, sonreía siempre y se sonrojaba y le pregunté:
- ¿Te gusta mucho, verdad?-le preguntó mamá notando los nerviosismo del joven.
- ¿Por qué lo dice? Señora- dijo Austin alzando la mirada conteniendo los sentimientos y con el respeto hacia la mujer.
- Porque sonríes cuando escuchas su nombre- dijo mamá viendo ese brillo que ella me decía que en otro rostro lo había visto, ni más ni menos que en papá y ella.
- Ese niño, solo atinó a reírse con nervios, y aunque no me lo dijo lo deduce no se necesita decir las cosas para saberlo, la sonrisa de enamorado me lo confirmó- mamá, me abrazó dándome fuerzas y aliento.
- ¿Y qué hago mamá? Siento que con él puedo estar el resto de mi vida, que podría estar siempre con él y me cuidaría, me amaría y mucho, pero a la vez me alejaría de Peter y mi vida se iría abajo, todo, no puedo estar sin ninguno, no sé- dije tapándome el rostro con gran locura, me volvía muy loca.
- Si puedes-recalcó mamá bajándome las manos.
- Am, no. No puedo estar sin ninguno de los dos, siento que moriría- volví a repetir.
- ¿Y cómo sigues viva? Si no estás con Austin y sin Peter también, estás sin ninguno y sigues aquí, buscando una solución y cuando estas con uno de ellos, sigues viva, si puedes vivir, pero solo con uno de ellos, solo uno te mantiene con vida- aconsejó mamá mirándome sin bajar la mirada en ningún momento
- ¿Qué debó hacer mamá?- pregunté nuevamente, quise hallar alguien que me dé la respuesta.
- Escucha a tu corazón y hallarás la respuesta. El corazón siempre tiene una respuesta, siempre hija. Y si no es ninguno de ellos dos, será otro jovencito.
- Estas joven todavía, tienen mucho por conocer- lo preciso y lo más coherente, mamá tenía las palabras adecuadas para saber cómo sentirme mejor, animarme y me escuchaba, siempre escuchaba decir mi mamá nunca hace esto y el otro, es porque tú no la dejas, acércate y abrázala, dile que la amas y que te pasa, ¡exprésate!
- ¿Y si no hallo ninguna respuesta?- pregunté apoyándome en su hombro como consuelo.
- Pueda ser que esa ya sea una respuesta- dijo mamá pegándome contra su pecho y acariciándome tan delicadamente quedándome dormida nuevamente.
- Te amo mamá- susurré en su oído y me dormí nuevamente en mi dulce cama, mañana será otro día- pensé.
EL PLAN PERFECTO
Por lo sucedido ayer y todas las cosas que conversé con Benjamín, me di cuenta que Flavia esta locamente y perdidamente enamorada de Austin, no iba a perderla jamás y si tenía que separarlos lo haría utilizando mis armas.
Vi a Melany entrar por la puerta del instituto y me acerqué corriendo y la cogí de espaldas, se sorprendió cuando me vio.
- Hola, Peter. ¿Qué paso?- me dijo al ver mi desesperación de hablarle.
- ¿Tú quieres algo con Austin, no?- pregunté de frente no tenía mucho tiempo antes de que lleguen ellos dos.
- Sí, como lo sabes-se lo confesé para saber a qué quería llegar.
- Pues se nota, mira te hago una propuesta- estaba a punto de ofrecerle. un trato donde íbamos a salir ganando los dos.
- ¿Cuál?-pregunté, quizás la propuesta sea interesante.
- Separarlos- afirmó Peter mirándola muy seguro de lo que decía.
- ¿Y eso?-preguntó Melany, confuso por lo dicho anteriormente.
- Es muy fácil, tu separas a Flavia de la vida de Austin y yo a él de Flavia, sencillo, se olvidan de su destino y se quedan con nosotros, ¿no crees?- se lo expliqué de la mejor manera.
- Am, yo podría hacerlo sola, no necesito que me ayudes. Él llegará a quererme- dijo mientras subíamos las escaleras juntos.
- No lo creo, ¿Has visto con la intensidad que se miran? Solo míralos y te darás cuenta- dije ya desesperándome porque ella no entendía.
- No tengo que verlos, me doy cuenta que Flavia lo ama aunque no lo acepta- dije pensando en la propuesta.
- Bueno, ¿entonces? ¿Vas a esperar que ella acepte su amor por él, yo la pierda y él te deje? No seas tonta, separandolos será lo mejor, ya veremos en qué forma lo haremos- dijo mirándome.
- Trato hecho, ¿Con qué comenzamos?- dije con una sonrisa malvada en el rostro
- Primero que ellos pasen momentos con nosotros, yo estoy más adelanto que tú, pero bueno haz que se enamore de ti y que se aleje de ella, yo haré lo mismo. Ojo, cuando lo haga o sientas que le interesas, dale celos- sugirió guiñándome un ojo, estaba todo fríamente calculado.
- Genial- le di una sonrisa de compinches
Bueno, por qué hacía esto, no me sentía seguro, no sentía que ella se enamoraría si es que seguía en el camino él, realmente la quería a mi manera en la forma como yo quería conseguirla, para llegar amarla y ella a mí, pero con él acá es difícil me di cuenta desde siempre, aunque al principio no me pasaba nada, luego sí, su sonrisa al verlo entrar y ese brillo peculiar, de cómo lo miraba, esa forma diferente que lo hacía y conmigo, no. Y más cuando se levantaron al mismo tiempo, me di cuenta que están conectados que tienen algo, que pasa algo y más cuando me cambió el nombre, piensa en él, rayos.
Yo los separaré, haré que ella se enamore de mí, que la vea conmigo y él se aleje, lo mismo hará Melany, lo verá feliz sin ella y se alejará, se alejarán y no volverán al lugar del crimen, solo hablaran muy poco porque ella me amará y fin de la historia, tienen que decepcionarse del supuesto amor que piensan que tienen.
Entré al salón después de hablar con Melany, ella también lo hizo, esperaba con ansias que llegue Flavia, pero nunca vino a ninguna de las clases, ¿Estará enferma?, bueno quizás no quería verme por lo que le dije ayer.
Llegué y solo vi sentados algunos compañeros a Peter y Melany, me senté con ella y pensaba que Flavia llegaría a la segunda hora, pero no lo hizo así que me preocupe y mandé dos mensajes, diciendo dónde estás y el otro qué pasó.
Hasta que Melany, me quitó mi celular.
- Devuélveme- dije al ver mi celular en su mano.
- Estamos en clases, Austin-Melany, respondió escuchando aún la clase
- Me vale una mierda la clase, estoy preocupado-le contesté, pues el hecho que hiciera eso fue que no me gusta que me controlen y me digan qué debo hacer.
- Te lo daré a la salida-dijo, sin mirarme. Odiaba que se metieran en mis cosas.
- ...- la seguí mirando para que ella volteara, pero no, no lo hizo, me fijé en el otro extremo y Peter nos miraba, ¿Qué pasaba acá?.
- Profesor, ¿me puedo retirar de la clase?-me paré en pleno tema que hablaba el profesor.
- Adelante, le bajaré puntos- me advirtió el profesor kim.
- Hágalo, igual me iré- dije metiendo mis cosas en la mochila y todos me quedaban viendo. No me quedaría con la duda de saber las razones por las que no vino, ¿Y si estaba mal?
- ¿Qué te pasa?- dijo furiosa Melany y cogiendo mi brazo, como una forma de retenerme.
- Tengo que ir a ver qué le pasó- dije soltándome de ella y sin mirar atrás.
Salí del instituto, tenía que ir a verla, estar con ella, así como ella estuvo conmigo cuando yo la necesitaba.
- ¿Qué pasó?- fue corriendo hasta el asiento de Melany.
- Se fue, se fue a verla, carajo- Melany empezó a garabatear su cuaderno.
¡Maldita sea!- vociferó Peter, mirando la hora en su celular faltaba esa clase y otra más para recién salir, tenía ganas de matarlo.
CAPÍTULO 10
Mi corazón es tuyo
FINAL DE LA PRIMERA PARTE.
MI DIARIO
Querido diario:
Hoy falté a clases, no tenía ganas de ir más a ese lugar. Extraño mi vida en Ghen dónde no existía una Melany o un Peter, pues solo éramos él y yo. Mamá, me acaba de aconsejar que debo seguir pensar con quién soy feliz. Y tan solo escuchar felicidad se me viene en la mente su nombre, como si ya supiera la respuesta.
Tengo miedo que se enamore de alguien más, miedo a que nunca más me vuelva a mirar de tal manera que enamoraría a cualquiera. ¿Y si se aburre de mis tontas confusiones? ¿Y si se aburre de mí?
No sé si algún día lleguemos a terminar juntos. Porque jamás olvidaré sus chistes de mal gusto, sus caricias delicadas y cuando pronuncia mi nombre con una sonrisa.
Muero por ti, pues mi corazón es tuyo
PDSTA: Te quiero.
YA NOS VEREMOS LAS CARAS
- ¿Cómo que un miembro vivió?- entró furioso Fernando a su oficina, donde las personas que lo ayudaron estaban conversando.
- Sí, Fernando. ¡Estamos jodidos todos!- respondió Luis, amigo de toda la vida.
- A los que mandé no hicieron bien su trabajo. ¡Me lleva el diablo!- exclamó pateando la silla que estaba delante de él
Y alguien interrumpió ese momento, uno de los integrantes involucrados en ese caso entro como loco y despavorido a la oficina gritando.
- ¡Ya saben todo! ¡Te están buscando!- entró gritando y muy asustados, los presentes se quedaron viéndolo y luego se miraron entre sí.
- ¡Ya saben que fuiste tú!- señalo el joven con el corazón agitado y todos lo miraron a Fernando.
VISITA DE MI PRÍNCIPE
Ya me había levantado y terminé de escribir mi diario así que estaba viendo televisión hasta que alguien toco la puerta y di mi consentimiento que pasara.
- Pase- dije concentrándome en los programas televisivos, pensé que era mamá ya que se había quedado a consentirme.
- Hola, ¿Te alegra verme?-dijo apoyado en la puerta y sonriendo, se veía extremadamente lindo. Por qué hace tantas cosas bonitas por mí. Me sacaba miles de sonrisas con solo verlo. Es el indicado.
- ¿Eres tú? No lo puedo creer, ¿Qué haces acá?- dije parándome al ver su presencia. Estaba con una mirada dulce y tierna, luego volvió a hablar.
- Vine por ti y quería saber que te pasaba- me sonrió aun desde la puerta y sus perfectos dientes, su piel trigueña y sus ojos. Eso es lo que más me gusta, los ojos.
- No me pasa nada, solo que no tenía ganas de ir- dije jalándolo hasta mi cama.
- ¿Por qué?- dijo sentándose a mi costado y viendo mi pijama, emitiendo una risa a escondidas.
- Discutí con Peter, me trató muy mal y pues no sé, quise quedarme- se lo conté, no era toda la verdad, pero sí una parte.
- No vuelvas a faltar, que te extraño y mucho- me pegó a su cuerpo y dio un abrazo que necesitaba.
- Gracias por estar acá- dije mientras me dio ese gran abrazo.
- Siempre estaré para ti- la acaricié en su delicado rostro, ¿Por qué te amaré tanto? Me encantaría que ella estuviese conmigo, poder besarla, abrazarla cuando se sienta mal.
- ¿Lo prometes?- lo vi directo a los ojos, dicen que los ojos son el reflejo del alma
- Lo prometo- sonrió y me dio un beso en la mejilla.
- Entonces siempre vamos a estar el uno para el otro- grité muy emocionada y contenta, me sentía perfecta, segura.
- O sea ¿Juntos? Por siempre, princesa, ¿Te acuerdas?- reímos sabíamos a que nos referíamos, solo los dos, dos locos, dos extraños que pronto lo serán, dos jóvenes destinados a estar, dos almas que ya se encontraron, pero serán separados por las almas negras, porque el amor no existe, ni el destino, pero si existe ella, así que existo yo, ese amor que van a pasar de todo, caídas, sufrimiento, odio, distancia, pero es amor, solo amor que nadie puede entender y todos querrán separar.
- Por siempre- coloqué mi cabeza apoyada en su hombre, sonriendo sintiéndonos completo. Solo eso necesitábamos a nadie más, solo los dos.
- Qué te parece si mañana vengo por ti o luego de las clases nos vamos a comer. Di que sí- me dio una de esas sonrisas dulces, que te convencen con tan solo verlo, que te conmueven y te llega a fascinar
- Me parece genial, pero mejor tú vas al kfc que está al frente del instituto y ahí me esperas, porque iré al baño de niñas a darme un retoque- reí atontadamente y me encantaba la idea de pasar mucho tiempo con él, porque pues me sacaba las mejores sonrisas.
- Perfecto, te esperaré- dijo mirándome con un brillo especial en la mirada
- ¿Qué hicieron hoy?- pregunté para poder seguir la conversación, se quedó todo el día desde que llego, comimos juntos, hicimos unas galletas con mamá y comimos los tres, luego fuimos a acompañar a comprar cosas para mamá, nos reímos de las ocurrencias que decía e incluso me salvó pues casi me agarra el carro en la calle, fue un bonito día.
Ya en la noche, tenía mensajes de Peter que decía: Soy un estúpido lo sé y otro tenemos que hablar, conéctate. El último mensaje había sido hace veinte minutos, es decir, no hace mucho, pero no me conecté, no después de cómo me había tratado, solo me eché a descansar con un poco de música de fondo y a recordar lo bello que es cuando sonríe.
Llegué a mi departamento muy tarde, pero valía la pena hacerlo, desde la mañana hasta la noche a su lado, riéndonos, viendo su sonrisa y sus enormes ojos cafés, su cabello con el viento y su nariz, que curiosa nariz. Luego, ver que la pasaba bien conmigo, de mis chistes, su mamá al igual que ella encantada y viendo muchas cosas, opinando, discutiendo de que objeto es más bonito, estupendo, volvería a repetir este día uno y otra vez, para observarla por siempre.
Me recosté a seguir pensando en este día con ella, recordé que tenía una foto a lado de Flavia en Ghen justo en el cajón lo encontré y la saqué, no le había dicho que aún conservaba la foto, la puse frente de mis ojos y ahí estábamos los dos, juntos, sonriendo, solo siendo ella y yo, nadie más. ¡Qué momentos!
Solo esperaré a que ya sea mañana para esperarla y verla cruzar con su sonrisa que me enamora, yo estaré puntual, saldré corriendo para que sepa que me importa cada momento a su lado, será un gran día, lo sé y lo sabe.
Mañana es el gran día. Mañana es el día de Flavia y Austin.
"Nada, ni nadie, nos separará. Es una promesa"



